La epopeya del Sol Naciente

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Tener entre nuestras manos un ejemplar de El cantar de Heike no es ninguna tontería. No hablo solamente de la magnífica edición con la que Satori nos ofrece una experiencia completa para los sentidos: acariciar el grueso gramaje de sus hojas, deleitarnos con las magníficas ilustraciones de Jin Taira, aspirar el aroma de la tinta o nutrir nuestra mente con los textos que se hayan impresos en el libro. Me refiero al hecho de sostener un pedazo de historia de Japón.

Podéis pensar que estoy exagerando, pero seguro que no he sido la única de los presentes que cuando se han acercado a la Ilíada lo han hecho con un profundo respeto. Si nos paramos a pensar lo que los textos de Homero han supuesto para la cultura y la literatura occidental, podréis comprender a lo que me refiero. El cantar de Heike es una historia deudora también de la tradición oral, esa magnífica manera de narrar historias que suponían la forma habitual de transmitir conocimientos en el pasado. Historias contadas de padres a hijos en torno a un fuego, que se iban grabando en la memoria de los oyentes. Esa tradición de autoría anónima afortunadamente fue recopilada en el siglo XIII por el monje Yoshida Kenkô, y actualizada a partir de 1947 por Eiji Yoshikawa, uno de los historiadores más célebres y aclamados de Japón. Gracias a esa revisión y novelización que le llevó nada menos que 15 años de trabajo, consiguió lograr un texto más actualizado y cercano para los lectores de hoy en día.

El Heike Monogatari original ha estado circulando por diferentes países en su versión más pura, la de la tradición clásica. Sin embargo, no habíamos tenido la posibilidad de disfrutar en castellano de la versión más actual de Eiji Yoshikawa, la saga compuesta de 9 volúmenes. Con todo esto que os cuento podéis imaginar cómo de titánica es la empresa a la que se enfrenta la editorial Satori traduciéndola directamente del japonés, y creando este primer volumen enriquecido con ilustraciones, listados de personajes, árboles genealógicos, mapas, e incluso un reloj con el cómputo de las horas a la manera nipona.

El cantar de Heike como objeto es excelente, ya solo por ello merece la pena acercarse a él. Pero una vez que posas la vista en la historia que te cuenta te das cuenta del valor de lo que estás leyendo. Yoshikawa nos trasporta al siglo XII, una época de turbulentas luchas de poder entre los más poderosos clanes de samuráis: los Heike y los Genji. El protagonista que nos hará de guía en esta historia será el joven Kiyomori. Recorreremos con él diferentes e importantes momentos de su vida, situaciones de búsqueda de la propia identidad y fragmentos de crecimiento personal.

Es muy difícil resumiros el argumento de esta obra debido a la cantidad de aspectos que toca. Extraeremos información de la vida de la corte, el funcionamiento de los matrimonios de las clases altas, los mecanismos que regían la elección de esposa y concubinas, las horas del día a las que se efectuaban determinadas tareas, las festividades a lo largo del año y cómo eran celebradas, la vida cotidiana de cocheros, bailarinas, criados o pescadores. Hay un buen equilibrio entre trama propiamente dicha e información histórica, aportando datos que para los amantes de la cultura oriental resultan de lo más interesantes a la vez que te transporta por la trama de lucha en lucha.

En general, la gente del período Heian, tanto mujeres como hombres, lloraban y reían abiertamente sin ocultar sus sentimientos. La consideración de que no mostrar el pensamiento y la actitud de uno suponía una virtud comenzó mucho más tarde, debido a la influencia del confucianismo y del bushido, ese riguroso código ético de los guerreros, en otros términos, del espíritu samurái.

Uno de los aspectos que pueblan las páginas de este libro es la nobleza de los personajes. La influencia de las doctrinas del budismo en la cultura nipona es palpable en prácticamente todos los sujetos que transitan la novela. Asumen su posición en el mundo y tratan de llevar a cabo su papel de la mejor forma posible. La creencia en el karma es muy potente, y ello les lleva a aceptar el destino que les es asignado.

Un gran ejemplo es una de las historias que se nos relatan: la historia de Asatori, el guardián de la fuente. El antiguo emperador Sutoku con tan solo 23 años fue obligado a abdicar del trono contra su voluntad y se retiró a vivir al Palacio Imperial de la Fuente del Sauce llevando una vida casi de ermitaño. En ocasiones, paseando por los jardines llegaba a la fuente que había junto a unos sauces y pedía agua al guardián de la fuente. Charlando con el guardián, este le cuenta que lleva guardando la fuente los mismos 14 años que lleva de retiro Sutoku, ya que dimitió de su anterior puesto en la corte para seguir a su señor en su obligado retiro. Dicho guardián provenía de buen linaje, de una familia de músicos de la corte. El antiguo emperador Sutoku no comprende por qué el guardián renunció a todo por ese puesto tan insignificante, a lo que el guardián le contesta que para nada es insignificante proteger el agua que sacia su sed. El antiguo emperador les hizo un valioso regalo en su regencia y su familia se vio en el deber de acompañarle en su retiro. Una preciosa historia sobre el valor de la lealtad.

Aunque está plagada de momentos geniales como este que os cuento, la historia no resulta fácil de leer. La cantidad de intérpretes que aparecen en la historia es ingente y a pesar de las guías de personajes es fácil perder el hilo sobre quién es quién y qué parentesco tiene con los que le rodean. Las regencias de los emperadores se suceden, hay ascensos de poder, cambios de era. Sin embargo es fácil dejarse llevar, no preocuparse demasiado sobre quién es quién en palacio y disfrutar con todo lo que nos aporta. La traducción de Rumi Sato es exquisita, con un texto que a pesar de su clasicismo es muy accesible, algo realmente importante a la hora de sentarse a leer un obra de estas características.

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