Testigos anónimos de una guerra interminable

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El nombre de Akiyuki Nosaka es poco reconocido entre la literatura japonesa traducida, sobretodo por la poca cantidad de obras que ha publicado y las aún menos que han llegado a nuestro país. Este autor es un autor producto de Hiroshima, un autor que vivió la guerra en sus propias carnes, hecho que se refleja en su narrativa y sus obras. Su experiencia durante su juventud en una ciudad arrasada por las bombas, en una familia rota por la vida, inspiró las dos historias que forman este libro. Los dos relatos de los que habla esta reseña, La tumba de las luciérnagas y Algas americanas, son dos obras que se complementan y que muestran las consecuencias, aunque de forma diferente, del mismo acontecimiento. Los dos relatos, publicados en 1967, levantaron mucha expectación al publicarse, por el duro tono de Nosaka. Acantilado en español y Quaderns Crema en catalán han editado ahora las dos historias en un formato conjunto. 

Estas dos historias narran de forma totalmente diferente un episodio que marcó a toda una nación y que marcó al mismo autor cuando era joven. El bombardeo que sufrió de pequeño es el mismo que viven los protagonistas y el mismo que vivieron miles de japoneses. Por un lado, tenemos la historia de Seita, un niño que muere de inanición en una estación sin que nadie intente ayudarlo y que ha perdido las ganas de vivir, después de haber visto morir a su hermana del mismo mal. La otra historia nos muestra a un superviviente de la guerra, Toshio, que tiene que acoger a dos americanos, dos seres para él de un mundo totalmente ajeno a él, en su casa. Esta llegada activará la melancolía de los viejos tiempos, con un tono claramente irónico.

Las dos historias hablan del mismo tema, de la pérdida que sufrió el país durante la guerra y también de la pérdida de una cultura que hasta el momento había sido fuerte y que después de la guerra se fue rompiendo. La confusión y la ruptura entre dos culturas está plasmada en muchas obras de grandes autores como Kenzaburo Oé o Yukio Mishima, pero la obra de Nosaka tiene un toque muy personal. Este cambio de cultura que sufrió Japón durante dos décadas y que se ve reflejado muchísimo en la literatura, fue un cambio tan abrupto que muchos de los japoneses no pudieron asumirlo. Estoy hablando por supuesto del paso a tener una figura divina a una democracia que se desmorona por el hambre y la vergüenza.

El tono de Nosaka es un tono despiadado que se divide en dos formas y que, de esa forma, nos cuenta la misma historia (aunque con rostros y nombres diferentes) con dos tonos totalmente opuestos. En la primera historia, La tumba de las luciérnagas, Nosaka nos relata la historia desgarradora de Seita con un tono casi indiferente, como si el mismo autor pudiera alejarse de los hechos y verlo todo desde un punto de vista externo, desde una ventana. Sin embargo, esa misma frialdad es la que ayuda a darle nombre y cara a Seita, la que ayuda a representar no solo a este personaje, sino a todas las víctimas anónimas que, como Seita, sufrieron las consecuencias de la guerra. Una historia con marcado tono autobibliográfico. Por otro lado, tenemos el tono satírico e irónico de Algas americanas, un cuento que nos narra la visita de un matrimonio americano a un Japón supuestamente recuperado. Los sentimientos contradictorios de Toshio, el protagonista, se mezclan en uno solo cuando recuerda esos días de guerra y contempla ahora un americano que, de joven, habría tomado por monstruo. La admiración y el rechazo van cogidos de la mano en toda la visita del americano y Toshio se deja llevar por la amargura de la derrota, escondida quizá, en el corazón de toda una nación, una amargura que no acaba de reconocer pero que lo acompaña durante toda la novela.

Ambos relatos, tan diferentes entre sí, se complementan a la perfección y aunque fueron publicados por separado, el acierto de juntarlos es ideal. El tono de Nosaka no deja de ser desgarrador, casi cruel, pero ideal para la historia que está contando. Una novela explícita, en la que Nosaka no hace intento alguno de esconder; Una novela rica en detalles patéticos, sin censura alguna. El reflejo de una sociedad que sufrió mucho más de lo que llegó a reconocer nunca, no solo por la muerte y el hambre que los asoló y que vemos en el primer relato, crudamente, sino también la derrota, la angustia de capitular el orgullo para sobrevivir. Su pluma es quizá confusa, pero extremadamente directa y concreta.

Tanto la edición en catalán (por Quaderns Crema) como la edición en español (por Acantilado) reúnen las dos historias en un solo libro. Las consecuencias de la guerra que tanto marcaron a Akiyuki Nosaka, pues perdió a sus dos hermanas (de una forma muy similar a la que Seita pierde a Setsuko) y a su padre adoptivo, son las mismas consecuencias que marcaron a millares de personas. Las mismas consecuencias, a largo plazo, que sufre Toshio ante la visita de aquellos que tanto detesta y que, a la vez, tanto asombra. Uno de los encantos especiales que tiene este libro es que Nosaka no recurre a la sensibilidad o a la moralidad como tan fácil habría sido hacer. No nos narra el dolor desgarrador de Seita desde un punto de vista interno ni aparta la complejidad de los sentimientos de Toshio por un simple sentimiento de venganza. La gracia de la obra de Nosaka es que está plagada de complejidad, de matices, y es por eso quizá un testimonio tan fiel de un episodio verdadero y terrorífico como fue la segunda guerra mundial. 
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