Escenas de la vida de un suicida

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Siempre se dice que los autores plasman un trocito de sí mismos en sus obras. Osamu Dazai es uno de esos claros ejemplos en los que conocer la biografía del autor es conocer su obra, porque su vida empapó la tinta con la que escribió sus textos. Hablar de la literatura de Dazai es hablar del propio Dazai.

Osamu Dazai (Kanagi, 1909 - Tokio, 1948), seudónimo de Tsushima Shuji, es uno de los escritores modernos más apreciados en Japón. Su procedencia de una familia acomodada le otorgó una posición privilegiada. Estudió literatura francesa, pero se jactaba de no haber acudido nunca a una clase. Su familia le mantenía y no tenía motivaciones más allá de la escritura como forma de subsistencia en la vida. Contado así, podría parecer que estamos ante un hombre de carácter perezoso y descuidado. Nada más lejos de la verdad.

Dazai padeció una vida atormentada, ligada al alcoholismo y a su adicción a las drogas. Todo ello provocado por un terrible sentimiento que nunca se le despegó del alma: el deseo de morir. Cuatro fueron los fallidos intentos de suicidio hasta que finalmente logró terminar con su vida en el quinto lanzándose junto a su amante a un canal del río Tama en Tokio.

Todo este halo de melancolía, de tristeza, de insuficientes motivos por los que luchar en la vida, se respiran en estos nueve relatos que componen Ocho escenas de Tokio. La capa de pesadumbre que te cubre al leer estas historias se transmite casi más en lo que no te cuenta, en la cadencia de la palabras, en el modo de expresarse que emplea el autor.

Puedo parecer un presuntuoso, pero lo cierto es que lo único que quiero es morir. Desde que nací solo pienso en la muerte. Estoy convencido de que para los demás sería un alivio. Sin embargo, no puedo. Hay algo extraño, una especie de dios que me lo impide.
A medida que avanzas en la lectura de los distintos relatos que componen esta obra vas descubriendo que esas escenas, esos paisajes, no son tanto de Tokio como del propio autor. Es él quien está retratado en estas historias, él es la escena y quien lo llena todo. Las historias que nos cuenta son tremendamente autobiográficas.

En La mujer de Villon encontramos el retrato de un extraño matrimonio. Él, alcohólico, no mira por su mujer ni por su hijo y debe ser ella quien salde una enorme deuda en el local en que su esposo se dedica a beber cada noche. Plasma una violación sin paños calientes y en apenas unas palabras. Sin camuflar las palabras, sin licencias poéticas. La verdad cruda puesta sobre la mesa.

En Femenino nos menciona la historia de su primer fallido intento de suicidio, en el cual planeó quitarse la vida con una joven camarera, pero él fue rescatado por unos pescadores. Toda la historia parece una búsqueda de motivos de por qué él debe seguir con vida, desandando los pasos de una hipotética historia de sexo entre un hombre y una mujer.

Delicada belleza supone la recreación visual de un hombre en el cuerpo de una joven bañista en un balneario. Otro de los textos en los que la sexualidad se trata abiertamente y sin tapujos.

Ocho escenas de Tokio, la historia que da nombre al libro, supone la historia más abiertamente autobiográfica. Sus años en la universidad, y esa sensación de engaño hacia su familia: "defraudar a alguien que confía en ti es entrar en un infierno que te puede arrastrar al borde de la locura"Esta es la historia en la que las ansias de acabar con su vida están más presentes, transmitiendo un sentimiento de culpa hacia todos los actos de su vida llevado al extremo.

Otro de los relatos destacables es El sonido del martillo, historia contada a través de la carta de un admirador, en que apreciamos el desequilibrio sentimental de Dazai a través del sonido insistente de un martillo clavado en su cerebro en momentos clave de su vida.

Algunos de los relatos son muy breves, otros más largos. En general en todos ellos no hay una trama significativa, aunque las historias tienen un hilo conductor, no son cúmulos de palabras que no te llevan a ninguna parte. Lo que te cuenta no resulta lo más atractivo de la obra, sino la forma en la que te lo transmite. No resulta tan destacable el argumento como el uso que hace de las palabras, el ritmo de las frases, la armonía del texto en su conjunto.

Dazai parece que haya buscado con sus textos explicarse a sí mismo, buscar un sentido a lo que tenía dentro y quizá la única vía de escape que le quedaba era a través de la literatura. Los temas son recurrentes y parecen en ocasiones un ejercicio de estilo acerca de una misma idea. Quizá buscaba simplemente encontrar una salida, una escapatoria, hacer que todo lo que sentía se quedase impregnado en un papel, y que de ese modo se desprendiese de sí mismo.

En resumen, un magnífico volumen de pocas páginas pero no por ello escasa profundidad. Los relatos tienen una magnífica conexión entre ellos, con temas muy vinculados entre sí y unicidad estilística. Pequeñas perlas que nos proporcionan la oportunidad de acercarnos a uno de los autores nipones contemporáneos más valorados en su país de origen. 
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2 comentarios:

  1. Cuánto dolor y aún así cuánta belleza. Gran reseña.
    Un abrazo,
    Sonia

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    1. Gracias Sonia! ¿Has leído algo de Dazai? Después de mi incursión en su obra por estos relatos, pienso repetir.

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