Guía rápida para viajar a Japón (Parte II)

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Camino de toriis en el Fushimi Inari-Taisha (Kioto).
Tras una primera parte centrada en la preparación del viaje, vayamos con la segunda, en la que nos metemos ya en harina y vemos qué se puede hacer una vez estemos en Japón. Por supuesto, todo lo que vais a leer es completamente subjetivo, ya que estamos hablando de uno de los países más diversos que existen en el mundo y cada uno irá buscando una cosa. Es imposible visitar todo el país en un solo viaje, ni siquiera sus rincones más representativos, así que no debe extrañar el dato que hace unos días difundía la Embajada de Japón en España, poniendo de relieve no sólo el gran incremento en el número de visitantes, sino la elevadísima tasa de viajeros que deciden regresar, fruto de una gran primera experiencia y el deseo de seguir conociendo el país.

Debe tenerse también en cuenta que el paisaje cambia mucho si se va durante el florecimiento del sakura, pero claro, eso sólo son dos semanas al año (en abril concretamente), y es la temporada más cara para viajar a Japón. En cualquier caso, aquí os dejamos unas cuántas ideas sobre qué visitar en una primera estancia de dos semanas:

Osaka

Cerezo en flor junto al castillo de Osaka.
Osaka suele ser la puerta de entrada a Japón para muchos viajeros, ya que muchos vuelos internacionales llegan a su aeropuerto. Aunque no sea una ciudad especialmente turística, tiene atractivos que no debemos pasar por alto, como el barrio de Dotonbori, una especie de megabazar donde es imprescindible comer takoyakis (bolas de masa rellenas de pulpo) y okonomiyakis (una tortilla especialidad de la región). Ineludible la visita al castillo de Osaka, donde lo más espectacular es el entorno (especialmente si vamos durante el florecimiento del cerezo). La torre del homenaje no es imprescindible: es una reconstrucción de la original, con lo que lo importante es verla por fuera, ya que el interior es un museo que te cuenta la historia del castillo, pero no deja de ser un edificio de sólo seis décadas.

Sólo un último consejo: en lugar de ir directamente hasta Kioto, tomad un desvío para visitar Nara (se encuentra a medio camino entre las dos metrópolis). El templo Todai-ji y el parque de los ciervos que está a su alrededor serán dos de las imágenes que más recordaréis de vuestra visita.

Kioto


No pocos regresan de Japón con la firme decisión de retornar a Kioto, la capital imperial. Es una ciudad cautivadora como pocas, frecuentemente elegida como mejor destino turístico del mundo por guías y publicaciones de viaje. Resulta imprescindible perderse por el tradicional barrio de Gion para, con suerte, toparse con alguna Geisha; el castillo de Nijo, uno de los pocos que aún conserva el suelo de ruiseñor (merece la pena una audioguía); cenar en Pontocho, la calle de restaurantes junto al río, o mejor, en una paralela a Pontocho, que siempre será más barato (por la zona de Pontocho está el kaiten sushi “Musashi”, bueno y barato); el santuario de Heian, cuyo jardín es impresionante con los cerezos florecidos y que tiene una casa de té en la que se puede asistir a la ceremonia por 800 yenes.

Pero lo mejor es que os hagáis con una buena guía impresa y decidáis lo que más os puede interesar, porque esta ciudad tiene de todo, mucho más de lo que podemos consignar en este breve artículo.

Región de montaña de Takayama

La antigua ruta Nakasendo a su paso por Magome.
Las localidades de Shirakawago, Takayama, Magome y Tsumago conforman una espectacular ruta por el Japón más tradicional. Se trata de una región montañosa de pequeñas aldeas por las que pasaba la ruta Nakasendo (una de los caminos oficiales que conectaban Kioto con Edo), con casas de posta utilizadas por los samuráis durante sus viajes. Takayama se ha convertido en una ciudad más grande (entre otras cosas porque recibe mucho turismo por sus aguas termales), pero las otras aún parecen directamente extraídas del periodo Edo.

Antigua hospedería samurái en Tsumago.
Tsumago, por ejemplo, es escenario de muchas películas de época, y es que se conserva casi como hace cuatro siglos. En esta pequeña localidad se puede visitar una antigua hospedería samurái, y a la salida dos señoras venden láminas de caligrafía con kanjis dibujados por un maestro de shodo del pueblo (al precio de 1.500 yenes, no os digo lo que te puede costar una caligrafía de un maestro de shodo aquí en España). El problema de esta región es que se accede en autobús, y eso dificulta un tanto la logística.

Tokio

Barrio de Shinjuku desde el mirador del Gobierno Metropolitano de Tokio.
Qué decir de Tokio. Hay visitas ineludibles como los barrios de Shibuya (con la estatua de Hachiko y su famoso cruce frente a la estación de metro); Shinjuku con su barrio rojo Kabukicho o la sede del Gobierno Metropolitano, a cuyo mirador se puede subir gratis en ascensor y ofrece unas vistas nocturnas de Tokio impresionantes; Akihábara con sus bazares de mangas y videojuegos… Pero eso es lo que os podéis encontrar en cualquier guía. Personalmente, incluso diría que os podéis ahorrar Ginza y Roppongi, que son barrios comerciales de lujo, sin mucho más, e invertiría el tiempo en otros sitios menos habituales que os indicamos a continuación:

La lonja de Tsukiji. Y no nos referimos a ir a la subasta de pescado (que para eso hay que pedir turno a las tres de la madrugada), sino a visitarlos cuando abre al público a las 9 de la mañana. Ahí los turistas molestamos más que otra cosa, pero con cuidado y educación merece la pena ver ese ambiente, además de ser un escenario muy agradecido para las fotos.
En las callejuelas de alrededor hay dos cosas que hacer: comprar té matchá, botes para guardarlo y otros omiyages (suvenires) que están algo o bastante más barato que en otras zonas más turísticas; y desayunar o almorzar sushi en los bares de alrededor del mercado. Son más caros que un kaiten o el restaurante de sushi medio, hay colas de más de media hora para entrar, pero también son genuinos 100% y se sirve el mejor sushi de Tokio, ese que por la tarde pondrán en las sushi houses más exclusivas al cuádruple de precio de lo que os va a costar aquí.


Después, junto al mercado de pescado, tenéis los jardines Hamarikyu, antiguo coto de caza de los shogunes Tokugawa. Llámalo jardín, llámalo un parque brutal enclavado entre rascacielos. Entrar cuesta 300 yenes, un precio irrisorio por lo que ofrece. En el interior encontraréis una casa de té: por 500 yenes os ofrecen un dulce y un matchá preparado con brocha (como el de la ceremonia del té). No dejéis pasarlo, es el mejor té que probamos durante el viaje, con el añadido de degustarlo a orillas del lago que es el corazón del parque.

Odaiba. Es una isla artificial a la que sólo se llega en barco o en el tren urbano Yurikamome, famoso por ser un tren magnético que se desplaza sin conductor. Esta isla tiene algunos lugares bastante interesantes que os contamos en el orden ideal de visita: primero el onsen urbano “Oedo Onsen Monogatari”, un edificio con aguas termales que recrea el Tokio previo a la II Guerra Mundial, en el que hay que pasearse en yukata (un kimono que te entregan a la entrada) y se come ramen del bueno en una plaza central estilo años 40. Lo suyo es salir del onsen a tiempo de ver la puesta de sol desde el mirador de Odaiba, que tiene una Estatua de la Libertad de lo más kitsch (aunque eso es lo de menos). Lo importante aquí es la espectacular vista de la Bahía de Tokio surcada por el Rainbow Bridge.

Gundam protege la isla de Odaiba (Tokio).
Y cuando ya ha anochecido, se camina hacia el otro extremo de la isla, donde está la estatua gigante de Gundam, que iluminada mola mucho más que de día. Ah, y al volver en el Yurikamome, poneos al final del andén y esperad hasta que llegue un tren en el que podáis colocaros delante del todo, pegados al parabrisas. Es como recorrer Tokio de noche en una montaña rusa entre rascacielos.

Parque Yoyogi. Es un gran parque metropolitano al estilo de Central Park. Lo ideal es visitarlo un fin de semana por la mañana, cuando se reúnen aficionados y practicantes de las artes más diversas, desde Kendo a Capoeira, pasando por malabaristas, cosplayers, bandas de jazz, batukeros, futboleros dando toques de balón… Un espectáculo tanto por el entorno como por los que allí se congregan. Y al lado tenéis Takeshita Dori, la calle de las cosplayers más famosa del mundo.

Por supuesto en Tokio hay mucho, muchísimo más, pero creo que os hemos dado unas cuantas buenas ideas.

Casa de té en los jardines Hamarikyu (Tokio).
Por último, antes de marcharnos, ahí van unos cuantos... 

Consejos varios que no está de más saber:

-El Museo Ghibli está en Mitaka, un barrio de Tokio. ¿Problema? Que todos los flipados de Miyazaki queremos ir a verlo, así que hay que comprar la entrada con tres meses de antelación (justo el anticipo máximo con que se pueden comprar), porque si esperáis a dos meses antes te quedas sin entradas. Desde España se tramita a través de JTB Europa (http://www.jtb.es/) que es una de las principales agencias de viaje de Japón y tiene sede en Madrid y Barcelona. También tramitan la JR Pass.

-Los dos castillos conservados más impresionantes de Japón son Himeji y Matsumoto. El primero, ubicado en la ciudad de Himeji, abrió al público en marzo de 2015 tras una larga rehabilitación, por lo que es un momento ideal para visitarlo. Lo mejor es aprovechar la estancia en Osaka o Kioto para visitarlo en un día. El segundo está a dos horas y media de Tokio en tren.

-Si necesitáis tener internet en vuestros móviles (por ejemplo para usar el traductor de google o Google Maps, que funciona muy bien para indicarte los trenes y metros a tomar para llegar de un sitio a otro), una buena opción es Japan Wireless. El precio es de unos 7.500 yenes por una conexión 4G ilimitada durante dos semanas. Te envían el router portátil a tu hotel y después sólo tienes que echarlo en un buzón el último día, o entregarlo en la recepción de tu hotel y ellos se encargan.

-Los cacharros de Apple son más baratos en Japón, si a eso le sumas la devaluación del yen, el iPad Air, por ejemplo, cuesta 170€ más barato que en España. El iPhone no es compatible con la red de datos europea, pero los portátiles y iPads van sin problemas, y si lo compras en la tienda Apple la garantía te cubre en España. Así que si tenéis pensado comprar algo de electrónica antes del viaje, esperad a estar allí.

-Si vais a comprar algo caro, llevad el Pasaporte. Te ahorras el 8% de IVA. En aduana no os van a decir nada porque no saben si lo lleváis desde España (a no ser que te traigas diez cámaras Nikon, claro).

-No os obsesionéis con llenar las maletas de ropa, porque necesitaréis espacio a la vuelta. En el hipotético caso de que haya un cambio brusco de temperatura y os haga falta algo, en Uniqlo encontraréis de todo y es muy muy barato (además de tener colecciones de camisetas frikis muy chulas por 980 yenes). Y hay más Uniqlos que botellas de coca-cola en Japón.

-En Japón, en la mayoría de los probadores se entra sin zapatos. Conviene saberlo, porque no es agradable que te aporreen en la puerta mientras estás en paños menores para decirte que tienes que dejar los zapatos fuera (truestory).

-Los españoles somos de las pocas nacionalidades que no necesitamos visado para visitar el país. ¡Arigato gozaimashita!

-En determinadas épocas del año, sobre todo en las de máxima polinización como la primavera, el aire en Japón es muy seco, hasta el punto de poder pasarte toda tu estancia con la nariz y la garganta irritadas. No está de más llevarse suero fisiológico y pastillas tipo Lizipaina.

-Llevad todos los yenes en metálico que podáis (80.000 por persona no es descabellado). Hay muchos sitios donde no aceptan tarjeta de crédito (de débito no se acepta en ninguno), y si intentáis sacar dinero en metálico allí os van a clavar una buena comisión.

-Por último, probad de todo: comed todo tipo de dulces, no digáis que no a ninguna comida, dadle a todos los botoncitos del WC, probad todas las bebidas raras de las máquinas de vending… ¡Eso es Japón!



© David B. Gil sobre todas las fotos
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