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Yori Moriarty es el autor de Irezumi Itai. Tatuaje tradicional japonés. Libro que ha publicado la editorial Satori. Yori es un tatuador experimentado con base en Gijón, en el estudio OnlyTat2. Especializado en tatuaje tradicional japonés, tiene la titulación más alta de este estilo otorgada por un maestro del tatuaje japonés. Quedamos con él para charlar sobre su nueva publicación en un hotel de Dinamarca, lugar donde estaba haciendo una visita al estudio del tatuador Henning, danés especializado en tatuaje tradicional japonés.

El peso del aire: ¿Qué te lleva a querer escribir Irezumi Itai?

Yori Moriarty: La idea del libro empezó como una recopilación de todos los elementos a un nivel básico, de andar por casa, para tenerlos en mi estudio para los clientes. Así no tenía que responder siempre las mismas preguntas o si alguien venía interesado por una pieza muy grande le podía dar esta recopilación para que lo pensaran en casa. Pero al ponerme a hacerlo vi que esto es enorme, puedo hacer páginas y páginas y páginas. Cuando ya tenía una parte hecha pensé en jugármela y ver si alguien estaría interesado en sacarlo. Contacté con Alfonso con quien ya habíamos hecho alguna cosa antes en una revista que llevaba llamada Nihon Yûkôkai donde él había venido a entrevistar a algún tatuador japonés que había estado en el estudio. Les gustó la idea y desde que dijeron que sí fue todo rodado. Llevó un tiempo porque yo no soy escritor y quise ir despacio, además de hacer las ilustraciones que hay al final me llevaron todavía más tiempo.

Ahora que lo mencionas, los diseños que hay al final del libro son tuyos. ¿Los has hecho expresamente para el libro o ya los tenías en el estudio?

Los que están “terminados” están hechos para el libro, los que parecen bocetos a lápiz son tatuajes que hice o para enseñar al cliente. Al ponerme con las ilustraciones vi que para ilustrarlo todo hubiera necesitado varios años solo con esto.

Hay algo que me sorprendió al leer, y es que hay poco tatuaje en el libro. Hay más gravados o pintura japonesa que propios tatuajes.

Porque todo el tatuaje japonés viene de estas imágenes, del ukiyo-e y de todo el arte japonés del siglo XV hasta el XIX, más o menos. Me parecía absurdo poner imágenes de tatuajes cuando de lo que estoy hablando es de la raíz del mismo. Y sobre todo de la historia y los  elementos, que surgieron antes de que surgiera el tatuaje en Japón.

En el libro nos cuentas que llevas muchos años tatuando estilo japonés tradicional, ¿por qué?

Yo cuando empecé tatuaba con estilo americano, más old school y new school, más estilo cómic e ilustración. Pero cuando Jason Kundell, uno de los mejores tatuadores de estilo japonés del mundo, se vino a vivir a Gijón y a tatuar conmigo, quieras o no te empapas de ello. Al principio me parecía muy inabarcable, pensaba “cómo me voy a meter en esto si hay gente que lleva treinta años y todavía no lo sabe todo”. Pero te empieza a enganchar ya que hay historia detrás de todo y nunca son imágenes sin razón. Por ahí viene todo.




No estoy muy metido en el mundo del tatuaje, pero tengo la sensación, que la concepción del tatuaje en España parece que vaya a modas, ¿crees que el tatuaje japonés ha estado o está de moda en España?

Es un poco difícil de decir porque lo que ocurre en España es que cada vez está más al día que el resto de países que están mucho más evolucionados. Yo no diría que está de moda o haya estado de moda porque es un tipo de tatuaje para un público diferente al que suele tatuarse. Son piezas muy grandes, requieren mucha dedicación, mucho tiempo y mucho dinero, por lo que requiere un tipo de cliente especial que busca algo más concreto, con un significado detrás más especial. Si me dices si hay más mercado para el tatuaje japonés que antes, desde luego. Ahora, tanto como para que esté de moda, no. Hay otros estilos que están más de moda entre la gente. Yo siempre opino que aunque sea tu primer tatuaje si te haces una pieza japonesa grande, estás a un nivel de entendimiento mayor que el que se hace una rosa o algo old school o algo más solo por estética.

Porque tienen más trasfondo y no es solo estético, sino conceptual.

Claro, y para llegar a apreciarlo tienes que conocerlo un mínimo. Sino sólo ves imágenes, dragones, geishas y la gente se queda con lo básico. En el momento que te haces un tatuaje japonés has tenido que investigar sobre el tema. La gente viene sabiendo lo que quiere. Hay que guiar a este cliente, como a todos, pero normalmente el que viene por un dragón sabe de qué va el tema.

¿Y todo el que viene para tatuarse estas piezas conoce el trasfondo o hay clientes que lo hacen por pura estética?

Es muy raro que se lo hagan solo por estética. Una de las piezas grandes más pequeñas es un brazo entero, son siete u ocho sesiones, al precio que son y el dolor es muy raro que solo sea por estética.

No es lo mismo que tatuarte un kanji.

Kanjis,  el old school… Lo típico que se hace todo el mundo.

Creía que este era un libro de catálogo, pero hay una gran investigación sobre historia japonesa. Me interesa saber las fuentes de documentación ya que comentas detalles que no es fácil encontrar en los libros de historia comunes.

Ah, claro. Hay muchas cosas que no se encuentran ya que me las enseñaron de forma oral. Es la historia que explico al final, cuando traté con Horitake, las cosas que me decían no eran interpretables. Eran la historia de Japón y de las imágenes. Por decirte bibliografía: recuerdo que para documentarme sobre los elementos, una de las primeras revistas editadas sobre tatuaje se llama Tattoo Time y la editaba Ed Hardy, ahí se hablaba mucho de significados y había una gran investigación.  

Sobre la edición del libro, ¿quién decidió las imágenes para el libro?

Fue algo en común con la editorial. Muchas las sugerí yo pero hay una gran cantidad de imágenes muy buenas y muy complicadas de conseguir que las aportaron ellos. Hay muchas imágenes de mi biblioteca, de libros que traje de Japón y que no encuentras en Japón. Hoy estaba visitando un estudio de tatuaje japonés aquí en Dinamarca, y Henning abrió el libro y dijo “oh, nunca había visto este oni”. Eso fue una pequeña victoria.

¿En Japón se sigue haciendo el tatuaje con las técnicas tradicionales?

Sí, se sigue haciendo a mano. Incluso cada vez se hace más a mano fuera de Japón ya que hay más gente que lo aprende o más japoneses viviendo fuera de Japón que lo hacen. Pero la situación del tatuaje en Japón a día de hoy es un desastre. En parte por política y en parte por desconocimiento de la sociedad. Concretamente el alcalde de Osaka está dando bastante caña al tema. Pero conozco tatuadores consagrados, con más de 25 años de experiencia que han tenido que cerrar el estudio. Respecto al tatuaje tradicional sí se sigue haciendo, hay japoneses que lo hacen a mano o a máquina, hay japoneses que se tatúan y no son de la yakuza, pero el grueso sigue siendo lo que creemos: tatuajes tradicionales hechos a mano hechos para la yakuza.

El tópico es real.

Sí. El único freno es que los propios yakuza están dejando de tatuarse ya que es demasiado evidente a la vista de la sociedad. Los mismos jefes están animando a los chavales que se meten a que no se tatúen. Pero es algo muy personal y cada uno hace lo que quiere. Depende de cada familia.

Al final del libro comentas una anécdota en la cual tienes pinitos con la yakuza.

Al margen de esa anécdota conozco mucha gente que está metida ahí y que yo he tatuado. No les he hecho tatuajes japoneses ya que para ellos sería un sacrilegio hacerse un tatuaje japonés con un occidental, pero les gusta nuestro material y quieren cosas de raperos y frases en español o macarradas en general. Te puedo contar una anécdota brutal. Me acuerdo de un tío que tatúe hace años, era un chico muy joven, 24 o 25 años. Iba con pintas de rapero. Solía parar mucho por el estudio y siempre me decía que quería que le tatuara una frase en español con una calavera y un pasamontañas. La frase era: “dame mi pasta”. [Risas]  Me llamó mucho la atención por qué no sabía quién era este tío para querer tatuarse algo así. Llevaba tatuado un 843, el número de la yakuza y no sabía si era del rollo o jugaba al rollo. Me contaron que el chico había entrado muy joven en la familia y que justo cuando le habían hecho parte de la familia los encarcelaron a todos  pero él al ser el más joven y menos implicado, salió antes que el resto. Entonces cuando sales en esa situación tienes derecho a delinquir por tu cuenta ya que tienes que mantenerte de alguna forma. El chico había salido hacía un año y era una especie de vídeo de rap brutal: putas, farlopa, champán, juerga. Una cosa brutal. Alguna noche salimos con ellos a cenar y él era un torbellino. Era intocable en Osaka, y a la vez era como el jefe. Abría y cerraba negocios como quería.

Todo esto parece de una peli de yakuzas.

Supongo que es como cuando vas a Nueva York y piensas que eso debe ser una película de Woody Allen. Cuando vas a Japón esa gente refleja mucho más la realidad de lo que podemos llegar a creer los occidentales. Piensas que no va a ser así, pero es así y más.

Cuando estuve en Japón vi yakuza y no me pareció que inspiraran agresividad.

Tenemos una imagen distorsionada de la yakuza por la mafia italiana. La yakuza funciona como una especie de organización de barrio. Tú si tienes un problema con un vecino no vas a la policía, vas a la yakuza y les cuentas el problema. Hay muy pocos casos en los que hagan daño a gente que no esté dentro del mundo criminal. Si no tienes ningún negocio con ellos, eres un ciudadano y no te van a hacer nada. Si te fijas, en las películas de Takeshi Kitano, nunca atacan a un trabajador, siempre es entre ellos. 




¿Cuál es tu diseño favorito?

Fácil, los dragones. Es lo más difícil de hacer, creo que incluso lo menciono en el libro. Si miras el “book” de alguien que tatúa japonés lo primero que miras son los dragones. Si los dragones están perfectos ese tío es una máquina y si no lo dominas bien se nota a la legua. Es difícil encajar en la piel el dibujo de un dragón.

¿A qué público crees que puede interesarle Irezumi Itai?

Si te digo la verdad, me tuvieron que convencer ellos. Yo no creía que pudiera tener ninguna repercusión pero antes de hacerlo de forma “amateur” quise preguntar por si alguien lo quería hacer de forma profesional. Yo puedo estar muy metido en la cultura del tatuaje y quizá en la japonesa, pero hay muchos fans de la cultura japonesa que saben mucho más que yo. Desde Satori me dijeron que había público para Irezumi Itai y parece ser cierto, porque la gente que se pone en contacto conmigo por el libro es gente de todo tipo.

Además de que no existe otro libro como este en España.

Es el primero sobre tatuaje tradicional japonés. Llevo 15 años comprando libros sobre tatuaje y jamás había encontrado algo de este tipo en España. Y en inglés dos o tres, uno de Marco Bratt y otro de la familia Horiyoshi.

Fue toda una sorpresa cuando nos enteramos de que ibais a publicar este libro.

Fueron dos años y medio infernales. Una cosa es ponerlo en la cabeza pero cuando te sientas a escribir y no eres escritor… Era trabajar en el estudio todo el día y escribir toda la noche. Buscar toda la información sintetizarla… Intenté que no fuera pretencioso ni farragosa, quería simplemente dar la información al lector, de la forma más sencilla.

Además de la anécdota del final del libro. Hubiera sido interesante leer todo el libro escrito así.

Es muy canalla, lo intenté y no quisieron. [Risas] Si algún día tengo que escribir más cosas que me han ocurrido lo tendré en cuenta.


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A pesar de que el matrimonio de los padres de Kanako se rompió años atrás, su madre no duda en recurrir a su ex-marido y ex-policía para que le ayude a encontrarla. Su desaparición desde un principio no parece una travesura adolescente. Buscando alguna pista que les dirija en la dirección correcta, su madre descubre en su mochila una lata rebosante de pastillas, jeringuillas y bolsitas con polvo blanco. 

Como una buena madre, el primer impulso de Kiriko es pensar que alguien ha engañado a su niña, que esas drogas no pueden ser suyas, que algo terrible le ha sucedido. Sin embargo, su padre no lo ve tan claro. Aunque sus amigos no dejan de repetir que tiene una personalidad arrolladora, que es una buena alumna, algo huele a podrido en Dinamarca. 



El montaje que ha realizado el director Tetsuya Nakashima trata también de confundirnos. Constantes flashbacks que nos muestran a una Kanako dulce, con una sonrisa que enamora a quien la mira, con una cara dulce de no haber roto nunca un plato, y una música evocadora cada vez que su rostro inunda la pantalla. No obstante, aporta ciertos golpes de realidad que nos hacen sospechar que Kanako no es tan niña ni tan tierna como parece.

Uno de los recursos que nos hacen dudar es la elección del libro de Alicia en el país de las maravillas como metáfora. Todos persiguen a Kanako al igual que Alicia al conejo blanco, ese blanco de las drogas que parece ser que Kanako administra a quien quiera seguirla. Todos la persiguen de forma hipnótica, todos la veneran como a una diosa. 



Si la historia que nos cuenta el guión del propio Tetsuya Nakashima (basado en la novela Hateshinaki kawaki (2005) de Akio Fukamachi) es atrayente, aún lo es más el modo que escoge para hacerlo. Saltos continuos en el tiempo al más puro estilo Tarantino, estética de videoclip con toques de manga, una banda sonora excelente sin la que la película no sería lo mismo, toques de violencia extrema rozando en algunos momentos el gore. Quien lleva las riendas de la narración es el padre de Kanako, Showa Fujishima (interpretado por Koji Yakusho), y no podrían haber hecho mejor elección en el casting. Un personaje extremo y violento, con una vida destrozada y hundida tras su divorcio, lo que le lleva a un estado tal en el que los riesgos que toma son consecuencia de su escaso apego a una vida que odia. La búsqueda de Kanako se convertirá en una obsesión más dirigida a desenterrar en lo que se ha convertido su hija que en un afán de encontrarla.

El director no deja títere con cabeza y gracias a esta historia mete el dedo en la llaga de temas sumamente delicados: el suicidio juvenil, el bullying en las escuelas ante la nula mirada de los profesores, las drogas, la prostitución, la pedofilia. Y a pesar de ser temas incómodos los trata de un modo premeditadamente abierto, para incomodar al espectador, para hacerle reflexionar. El ritmo de vida, el trabajo que absorbe todo nuestro día a día nos hacen desatender a quienes más queremos y deberíamos sentir más cercanos. Pero debido a la falta de tiempo y de voluntad en un acercamiento provocan que convivamos con extraños de los que apenas sabemos nada.



Aunque el final me dejó un tanto fría, quizá por dejarlo abierto, he de reconocer que la historia es tan hipnótica como la propia Kanako. Es uno de esos films que no te dejan indiferente, en los que no puedes dejar que tu atención se evada ni por un minuto, porque toda la información aportada es relevante para construir el rompecabezas que es el mundo que envuelve a Kanako.

La cinta ha sido merecidamente premiada desde el año 2014 en que se estrenó: Koji Yakusho recibió el Premio al Mejor Actor en la sección oficial del Festival de Sitges en 2014; Tetsuya Nakashima recibió el Premio al Mejor Director Revelación en el Festival de Cine Japonés; la cinta recibió el Premio al Mejor Guión en el Festival de Cine de Austin. Una variedad de galardones en diferentes puntos del planeta que avalan la calidad de esta historia.




Lapislàtzuli nos sorprendió gratamente cuando anunció que se lanzaban a publicar una serie de autores japoneses traducidos al catalán. En El peso del aire nos hemos decidido (sin mucha duda) a leer las dos primeras publicaciones de esta editorial, empezando por una ya conocida en España, Harakiri. El cas de la familia Abe, que ya fue traducida por la editorial Satori en un volumen que contiene otros dos relatos históricos más además del mencionado.

El volumen presentado por Lapislàtzuli se compone de una introducción a la colección de autores japoneses editada por Ko Tazawa, una biografía de Mori Ôgai y su obra, una gráfica con la cronología literaria que contextualiza la obra, un mapa de Japón de la era Edo y el relato que da nombre al libro. Son especialmente útiles la cronología que contextualiza la obra, el mapa y la biografía del autor, pues nos ayudan a situar un relato que, a falta de toda esta información sería en cierta manera huérfano. Harakiri. El cas de la familia Abe es un relato histórico donde el autor utiliza sus dotes narrativas para exponer, contextualizar y tratar de explicar un aspecto cultural tan complicado de comprender como es el suicidio ritual. Uno puede empaparse de ensayos y libros de texto, pero a veces basta con una breve pero concisa explicación de forma literaria para que terminemos de comprender de qué trata. Como el propio editor comenta en la introducción, todos relacionamos el suicidio ritual con los samuráis, e incluso con Yukio Mishima, pero la profundidad conceptual del Harakiri es compleja y laberíntica. Mori Ôgai trata de darnos de forma indirecta las claves para entender los códigos culturales que nos adentren en el suicidio ritual.

En este relato se narra la historia de Hosokawa, un señor feudal que en sus agonizantes últimos momentos recibe la visita de sus samuráis más fieles los cuales le piden permiso para suicidarse y morir junto a su señor. Uno de estos samuráis no tiene permitido suicidarse ya que su señor tiene otros planes para él, pero éste decide hacerlo igualmente sintiendo que si no se quita la vida la deshonra caerá sobre su familia. Esta desobediencia desata ciertas consecuencias que afectarán mucho más de lo que uno podría creer a todos los que rodeaban a Hosokawa.

Siempre he dicho que Mori Ôgai es un autor complicado de leer. Sus textos son densos y la lectura es muy lenta. Continuamente leemos nombres, lugares y hechos históricos sin recibir explicación alguna. El autor da una enorme cantidad de detalles sobre absolutamente todo y se llega a perder el ritmo narrativo de la historia, provocando que el lector pierda el hilo del argumento. Creo que las obras de Mori Ôgai son obras de un enorme valor histórico y literario, pero es posible que no hayan envejecido bien, pues los lectores contemporáneos estamos acostumbrados a textos mucho más fluidos y con otro lenguaje. Es una obra que va a interesar a los más curiosos tanto de un Japón histórico, como de la historia de la literatura japonesa. Al terminar el libro (y teniendo en cuenta que es la segunda vez que leo este relato) noto que me han faltado notas aclaratorias al final del libro para ayudarme en la comprensión del relato.

En El peso del aire estamos muy entusiasmados con el proyecto que Lapislàtzuli y Ko Tazawa han emprendido, pero creemos necesario resaltar aspectos que consideramos mejorables de la edición para futuros libros. La edición misma del libro da la sensación de estar poco cuidada, es cierto que la traducción es impecable, pero otros detalles como la textura del papel o la tipografía, dificultan una lectura que ya de por sí es densa. Además todas las imágenes de la edición están borrosas (tanto la de Ko Tozawa como la de Mori Ôgai en las solapas) y la cronología apenas se lee debido a lo pequeña de la letra con la que está realizada. No nos importa repetirnos en esto, nos apasiona que nuevas editoriales apoyen la literatura japonesa traduciendo los textos al catalán, pero estamos seguros que mejorando estos aspectos mencionados las ediciones en papel mejorarían muchísimo. Lapislàtzuli se lanza a la piscina con una interesantísima nueva colección de literatura japonesa traducida al catalán, editada por Ko Tozawa y traducida por Joaquim Pijoan y Tozawa. Os invitamos a conocer uno de los aspectos más duros de la vida en la época Edo en Japón, el suicidio ritual.


Siempre me han fascinado las puertas. Un armazón de madera de un grosor entre 35 y 45 mm con un poder psicológico más allá de lo racional. Una puerta no solamente nos separa del mundo exterior, sino que posee la capacidad de mantener a buen recaudo nuestra intimidad. Tan solo son unos centímetros de madera, apenas un instrumento con una solidez dudosa. Sin embargo, una vez cruzado el umbral de nuestras viviendas mentalmente nos introducimos en otro espacio. Un lugar protegido, confortable, donde nos sentimos a salvo y tranquilos. Un espacio construido con nuestros sueños, donde mantenemos a salvo los objetos que más valoramos, donde nos sentimos libres para actuar a nuestro antojo. Y sin embargo tan solo unos milímetros nos separan de nuestros vecinos, de nuestro rellano, del pasillo de entrada a nuestro hogar. Pero esa puerta con esa cerradura, nos hace sentirnos a salvo de las intrusiones ajenas.

En los Apartamentos K para damas tendremos 150 habitaciones en las que poder sentirse a salvo. Cada una tiene su puerta y su cerradura. Pero como una magnífica idea de ingeniería, quien puso ahí esas puertas ideó una llave maestra que pudiese abrirlas todas. Es una gran idea. Puedes perder tu llave, tener una emergencia, un incendio, un escape de gas. Y las recepcionistas al cargo de la gestión del edificio y del uso de la llave podrán echarte una mano ante una incidencia de este tipo. Sin embargo, la curiosidad humana en ocasiones es demasiado grande, y más cuando tienes tan a mano un instrumento para poder acallarla. Por eso la llave maestra desaparece, poniendo así en peligro la intimidad y la integridad de todas las residentes.

Esto sucede unos meses antes de una intervención programada en el edificio: el desplazamiento de la casa unos centímetros, orquestado por un plan de urbanismo en el que esa casa no encaja bien donde está. Durante meses se trabajará en la preparación de dicho desplazamiento, asegurando a las residentes que no percibirán nada el día que se realice, que pueden permanecer en sus habitaciones y comprobar con un vaso de agua que no se derramará ni una sola gota porque no habrá movimiento alguno.

En esos meses previos iremos conociendo a algunas de las residentes. Como a Toyoko Munekata, una mujer que ha entregado su vida a la recopilación del trabajo de su marido, un conocido científico del que muchos son quienes reclaman su obra. O a Noriko Ishiyama, una ermitaña en su propio hogar, una mujer extraña con un fuerte síndrome de Diógenes que desde hace años se alimenta de cabezas y espinas de pescado y que duerme en el armario. O a Suwa Yatabe, una profesora de música con una malformación en los dedos y un enorme secreto escondido en una repisa de su apartamento.

A través de las vidas de estas mujeres recompondremos la forma de vida y de pensar del Japón posterior a la II Guerra Mundial. Con tan solo algunos detalles, podemos extraer mucha información sobre el funcionamiento de este tipo de edificios, cómo estas mujeres llegaron a refugiarse ahí, cómo eso ha condicionado el resto de sus vidas, ya que las visitas masculinas deben están reguladas y nunca un hombre podrá pasar la noche allí. Un libro rebosante de melancolía, de soledad, de espera, de tristeza. Aunque la narración no resulta especialmente triste, sí lo es el poso que te deja. 

Aunque en ninguno de los detalles que os he relatado hasta ahora se aprecie, La llave maestra está considerada como una novela negra. Y algo de eso hay. Aunque en un inicio pueda parecer la típica historia de habitación cerrada, pero trasladada a un edificio completo en vez de a una habitación, hay algo más. La intriga te mantiene en vilo desde la aparición en las primeras páginas de un niño muerto dentro de una maleta. Será uno de los leitmotiv de la novela utilizado como excusa para transitar por las viviendas de las residentes de los Apartamentos K. Una búsqueda de la propia identidad a través de las vidas ajenas.

Puede que lo que más me guste de las novelas negras japonesas es que son una simple exposición de los hechos. De una forma mucho más objetiva que las occidentales dejan que sea el lector quien emita sus juicios de valor. Escogen un acto delictivo, un suceso digno de ser llevado a los tribunales, y exponen todo lo que rodea a ese delito para que sea alguien desde fuera quien valore si ese delincuente actuó mal o no, si sus motivos eran lícitos, si fue tan terrible lo que hizo. 

Masako Togawa (1933) es una mujer polifacética que no solo se ha dedicado a la literatura. También ha trabajado como guionista, cantante, compositora musical, actriz de cabaret... En 1962 publicó La llave maestra, con la que obtuvo el prestigioso premio Edogawa Rampo a la mejor novela de misterio ese mismo año. En castellano tenemos traducidas dos obras más de la autora, Lady Killer (1963) y Un beso de fuego (1985), ambas editadas por Ediciones B. Aunque no son fáciles de encontrar sí que es posible dar con ellas en librerías de viejo o en webs especializadas.




No, no, no y mil veces no. Así no se hace una adaptación. Desconozco a los mayores culpables de este destrozo, pero toca poner el foco de atención sobre el director, Shinji Higuchi. Sí, Attack on Titan es un blockbuster. También es cierto que es poco pretenciosa, pero mi queja no va por ahí. Como gran fan de las películas palomiteras, esperaba encontrarme con algo que me entretuviera por lo menos gran parte del tiempo que dura el filme. Pero lo que conseguí fue incomodidad y muchas ganas de que terminara cuanto antes. ¿Todo es malo? No, también tiene algunos puntos a favor, pero el conjunto por desgracia, no se salva y no consigue el aprobado.

Shingeki no Kyojin es un manga muy popular creado por Hajime Isayama. Tanto es así que ha tenido dos adaptaciones a anime y se han filmado dos adaptaciones con actores reales, la primera de ellas, estrenada hace relativamente poco (se ha proyectado esta primera parte en Sitges). El caso es que la adaptación había levantado mucho entusiasmo pues el tráiler prometía. ¿Es una buena peli de acción? No, es normalita. ¿Es una buena adaptación? No, para nada. ¿Entonces, es una peli entretenida? Sí, sobre todo si no sabes nada de Shingeki no Kyojin.





Pero volvamos a la película. Las similitudes entre la franquicia que todos conocemos y la adaptación son significativas, aunque insuficientes. Titanes, check. Muro rodeando los últimos vestigios de la humanidad, check. Equipo de asalto especializado en asesinar titanes, check. Y ahí queda la cosa. Es cierto que Eren protagoniza el film, pero nada qué ver con el Eren del manga/anime. Igual que Mikasa y la gran mayoría de personajes. Es decir, están ahí, pero no son ellos. Y esto no debería ser malo por necesidad, pero es que los personajes de la película simplemente no funcionan. Además de sobreactuar continuamente, claro. Por ejemplo las escenas donde cierto personaje trata de ser cómico para liberar un poco la tensión y que quedan demasiado fuera de lugar (incluso para el cine japonés).




Existen elementos que destacan, como por ejemplo la increíble CGI utilizada en la película. Los elementos digitales se fusionan con actores vestidos de titanes con trajes de goma y éstos junto con los actores reales. Se crea un efecto muy interesante que recuerda a las antiguas películas de Godzilla y que a mí me parece un acierto. La atmósfera que se consigue es todavía más ominosa si cabe. Además las escenas de acción o en las que aparecen titanes son las mejores del film, pues cuando los actores se ponen a hacer su trabajo (actuar), la película se vuelve un tostón. Cabe destacar la iluminación, muy conseguida en escenas diurnas pero cuando se trata de filmar en la oscuridad todo se vuelve confuso y apenas ves qué está ocurriendo. No es que se cree un efecto de claustrofobia, es que directamente no se ven muchas de las cosas que ocurren.




Las críticas en Japón han sido destructivas con esta película, tildándola de “burda parodia” de la franquicia que adapta. Y no van muy desencaminadas, ya que el guion añade elementos que no ayudan al ritmo del film y elimina otros que eran esenciales para permanecer enganchados a la historia. Shingeki no Kyojin recogía el testigo de la tradición de crear un mundo post-apocalíptico haciendo una metáfora del Japón que sufrió la bomba atómica. Un pequeño Japón se refugia del resto del mundo y solo los jóvenes de este nuevo y destruido Japón pueden salvar a la nación. La crítica al ejército es clara, destacando su ineptitud y dejando claro que en gran parte por su culpa están como están. Podríamos seguir mentando elementos, pero como ya he dicho, es una tradición que se lleva utilizando en Japón desde el primer film de Godzilla. Attack on Titan no aporta nada nuevo, y lo poco que pretende lo hace mal. Violencia gratuita y poco más. Una película muy poco entretenida y que ni varias bolsas de palomitas salvan.

Y sí, tenemos pensado ver la segunda parte. Que no se diga que no nos sacrificamos.


El amor es uno de los temas más universales en la literatura. Miles de libros, miles de historias han sido contadas con este sentimiento de trasfondo. Miles de ideas que confluyen en una sola: En el amor puro y pasional que transforma a las personas, que los lleva más allá de sus límites. Hiromi Kawakami, la autora protagonista de la reseña de hoy, no se salva de este sentimiento; podemos ver en la mayoría de sus obras conocidas cómo, de diferentes maneras, el personaje principal va adentrándose más en su propio corazón. Sin embargo, el libro que llega hoy a nuestras manos, una antología de ocho relatos, se aleja un poco de la idea del amor y a la vez, la abraza con todas sus fuerzas.



Abandonarse a la pasión es un libro diferente a lo que estamos acostumbrados. De hecho, esta antología difiere bastante del resto de la obra de la autora. Formado por ocho relatos cortos (el libro entero no llega a las 150 páginas), protagonizados siempre por una mujer y por el amor. O el desamor. Como una puesta de sol, el lector puede contemplar el relato entrelazarse con el horizonte antes de desaparecer. Y sin embargo, nos queda el reflejo tornasolado de los últimos rayos en la memoria. Y es que son cuentos que no desaparecen con facilidad, sino al contrario, van acumulándose conjuntamente en el interior del lector. Aunque cada cuento tiene su propia personalidad, Kawakami usa siempre un punto de vista personal, metiéndose dentro de las mentes de las protagonistas que son ocho diferentes y a la vez, una sola. Pues aunque todas tienen vidas diferentes, relaciones diferentes, todas parecen trazadas por un patrón similar: La soledad, la necesidad de sentirse querido, arropado o simplemente, acompañado. La melancolía que las rodea y que rodea sus relaciones son los tonos que mezclan los ocho relatos de este pequeño libro. Aun así, el tono de cada uno de los cuentos es diferente. Sí es verdad que tiene varias características en común, como las relaciones personales entre un hombre y una mujer o esa melancolía y soledad que parece rodear a cada una de las protagonistas de los ocho relatos. Pero aún así, estos son diferentes entre sí y nos cuenta historias muy variadas. Algunos relatos son más bien juguetones, divertidos y otros afrontan la historia desde un tono más serio o hasta fantasioso.

Todos los cuentos afrontan el amor desde la cotidianidad. El día a día, situaciones normales en pareja como puede ser salir a comer, ir de picnic o ir al parque de atracciones, son narrados desde una mano experta para mostrarnos a su vez lo diferente de cada una de las relaciones. Situaciones diarias en las que las protagonistas tienen oportunidad de preguntarse, de plantearse cuestiones relacionadas con el amor o con la propia identidad, una marca clara de la autora en muchas de sus obras. Son preguntas, sin embargo, que quedan sin respuesta y que el lector tendrá que buscar en sí mismo. La sexualidad es otro leiv motiv de la mayoría de los cuentos. Una sexualidad desinhibida y a la vez, llena de complejos. Un tema tratado desde un punto de vista muy alejado del occidental y que sin embargo, nos parecerá muy cercano. La mayoría de relatos contienen ese toque erótico, en algunos mucho más presente que en otros, pero siempre constante. Otro de los motivos que se presenta, de forma más o menos tangible, en la mayoría de los relatos es el agua. El agua, en forma de lluvia, lago, mar, cualquier forma en la que se presente, tiene un significado especial para los japoneses.

El estilo de Kawakami se adapta a la perfección con este tipo de relatos y con su sencillez, logra transmitir mucho más de lo que parece. Más allá de la superficie reflejada, Kawakami explora en las profundidades del amor; no solo su luz, sino también su oscuridad. No solo la delicadeza poética del amor, sino también su cualidad desgarradora. Una prosa cercana que ayuda a intimar no solo con los personajes, sino con la propia autora y todo el mundo creado alrededor de las ocho historias de pasión. Con el ritmo suave que caracteriza a la autora, los ocho cuentos forman parte de una misma antología, de un mismo mundo, un mismo ambiente característico de la autora. Además, Kawakami se aleja de su registro más conocido para adentrarse en historias más bizarras, sin perder nunca ese sentido de la belleza, de la sutilidad y de la cotidianidad que caracterizan el resto de novelas de la autora. El amor que sienten las protagonistas es un amor doloroso, pero de un dolor que termina por gustar. Un amor íntimo, desgarrador, o frío y lejano como el agua. La autora narra ocho formas diferentes de enfrentarse al amor, de comprenderlo o expresarlo. 

Empieza con lluvia y acaba con un lago. Empieza por una relación casi nueva, casi intacta, para acabar con una relación centenaria. Kawakami construye muy bien todas las historias entre sí para que tengan un hilo conductor similar que no solo acoge el amor, sino otras características. El orden de los relatos no es casual, pues más que relatos independientes, parecen ocho porciones de una misma cosa. Suicidios, inmortalidad, soledad, pasión o los límites de esta, frustración y melancolía. Kawakami nos trae todas estas cuestiones con una sincerdad que al principio puede asustar, pero que de tal cercanía que al final, emociona. Silenciosamente, Kawakami se adentra en la mente del lector y llega un momento que no la suelta: Si has llegado hasta aquí, ya no vas a salir.

A finales del siglo VIII se inicia en Japón el período Heian, caracterizado por su esplendor y belleza y considerado por todos los literatos japoneses como el inicio de la literatura japonesa clásica. Sin embargo, no fue hasta el siglo X que el esplendor cultural empezó su época más conocida y productiva. Fue en esa época en la que aparecieron las dos obras de literatura clásica japonesa más conocidas tanto en territorio nipón como en tierras extranjeras. Estoy hablando, por supuesto, de La novela de Genji por Murasaki Shikibu y de El libro de la Almohada por Sei Shonagon. Es este último del que voy a hablar en esta reseña y aunque ambos libros marcan la literatura de la época y nos abren una ventana a la realidad del período Heian, son dos libros bastante dispares entre sí en cuanto a su desarrollo y estructura. 

Se cree comúnmente que El libro de la almohada es llamado así por los cuadernos de notas que también han existido en la cultura occidental (llamados bedside book en inglés o livre de chevet en francés). Cuadernos de notas en los que sus autores apuntaban ideas o frases que aparecían en ese momento que oscila entre el desvelo y el sueño. Otros apuntan a la explicación que da la misma Shonagon al final del libro, de la cual se sospecha su validez.

"Un día, el Ministro del Centro entregó a la Emperatriz una pila de cuadernos. La Emperatriz me preguntó: "¿Qué se podría escribir en ellos? El Emperador ya está redactando los Anales de la Historia." Entonces yo le contesté: "Si fueran míos, los usaría como almohada:"

Sea como sea, este libro es el representante del género zuihitsu (literalmente "al correr del pincel"), bastante extendido en la época, en la que se reúnen ensayos fugaces, pensamientos íntimos, poemas o apuntes autobiográficos. Por lo tanto, es libro que carece de un hilo narrativo o de unos personajes concretos, sino que reúne textos que Shonagon escribía, ya fuera encima de su almohada o en cualquier otro lugar. 

Sei Shonagon, llamada así durante su servicio en la Corta en la década de 990, es una autora de la que poco se sabe. Durante unos años fue ayudante de la emperatriz Sadako. En el libro nos aparece como una mujer adelantada a su época, extremadamente inteligente o capacitada, cultivada y muy cínica. Es así como la vemos a lo largo de los diferentes ensayos y recuerdos que Shonagon va plasmando durante el libro. El libro de la Almohada, por lo tanto, está plagado de fragmentos que tienen en común la pluma y personalidad que los ha escrito. No hace falta comentar que la riqueza cultural que alberga este libro es incalculable. A través de escenas vistas desde el punto de vista de la autora, a través de poesía, de las largas listas que caracterizan este libro, podemos recorrer fácilmente la época, podemos acercarnos a esos años y esa cultura que parece tan lejana. Y a la vez, podemos comprobar que no es tan lejana, sino que al contrario, el ser humano parece tener varias cosas en común, pese a que centenares de años separen unos de otros. 

Sei Shonagon por Tsukioka Settei
Sin embargo, no solo el carácter estudioso que puede tener el libro lo hace interesante. A través del texto podemos recoger detalles, impresiones y observaciones de la escritora. Fragmentos que evocan emociones que aún hoy siguen intactas o largas listas de objetos o sensaciones que nos muestran el filtro de belleza con el que los cortesanos del Japón en la época Heian contemplaban el mundo. Es un libro fácil de leer, pese a que la escritura es delicada y detallista y está plagada de alusiones a poesía japonesa o china de la época. Y aunque el libro carezca de trama o de continuidad, forma un conjunto de deliciosa literatura que se hace evocador al leer y que está formado por centenares de fragmentos diferentes y a la vez, similares. Aunque se hace algo de leer, sobretodo las escenas minuciosamente relatadas, se hace a su vez interesante para todos aquellos que les produzca placer el leer escenas detalladas. El caracter de la autora se deja ver a través de sus palabras con una facilidad pasmosa y es una personalidad con tanto encanto que irremediablemente el lector cae rendido a sus pies. 

Podemos ver una contraposición en la novela de Murasaki y el libro de Shonagon. Pues mientras que Genji Monogatari tiene como transfondo el aware (la melancolía ante lo bello y fugaz), en Makura no soshi vemos plasmado el concepto de okashi, que vendría a significar lo alegre, lo ingenioso, una palabra que en el original se repite constantemente. Seguramente esta fue una de las razones que ha llevado a la sociedad japonesa a criticar a esta autora desde la aparición de Makura no soshi, pues la han tildado de superficial o cotilla innumerables veces. Y aunque Shonagon apartó la tristeza de su época, aún podemos ver la belleza e inteligencia que plasma en cada una de sus palabras. 

Las ediciones en español están publicadas por Adriana Hidalgo editora y, posteriormente, por Alianza. Esta última edición lleva más acotaciones y explicaciones que el primero y es, por lo tanto, más aconsejable (aunque yo leí la primera edición). Este libro no es un libro de lectura ligera (como puede parecer por los cortos fragmentos) ni de lectura rápida, pero sí de lectura placentera y sencilla. Shonagon carga en sus palabras las características de la época en la que vivió. No nos engañemos, este no es un libro para dormir o para leerse entre sábanas, pero sí para hacernos evocar la melancolía y belleza de los tiempos pasados japoneses. Y aunque es el invierno la estación que más ilustraba los pensamientos de pérdida y desaparición predicada por la religión, Shonagon empieza el Makura no Soshi evocando la belleza de la primavera: 

"En primavera, el amanecer. Cuando al insinuarse la luz sobre las colinas, los contornos se tiñen de un pálido rojo y purpúreos jirones de nubes flotan sobre las cimas." 

Hoy en día es complicado mantenerse libre de spoilers. Ya no solo porque alguien ha visto algo antes que tú, o quizá porque has leído/escuchado una conversación cargada de detalles de la trama. El material promocional cada vez es más agresivo y en ocasiones desvela demasiado de la trama de una serie. Por suerte he llegado intacto a ver el primer capítulo de One Punch Man. La serie ha generado mucho hype por aquellos que han leído el manga y parece que el anime es un éxito asegurado desde antes de su estreno. En El peso del aire queremos comprobarlo.




Es muy, muy extraño que un anime o manga rompa con los tópicos y clichés preestablecidos por la industria y el mercado. Los que soléis consumir estos productos habréis notado que muchos suelen ser copias unos de otros, además de forma bastante evidente. Los patrones por los que van cortados estos animes también van en función del mercado que lo demanda, ya sea mujeres con poca ropa y cosificadas al extremo, héroes jóvenes que en el último momento sacan cierto poder oculto y consiguen vencer, etc. Podríamos dedicar varios artículos a esto. Pero One Punch Man empieza de forma rompedora, el protagonista, un salary man llamado Saitama ya es el hombre más poderoso del mundo. Esto le produce una apatía terrible, pues su vida ya no tiene ninguna meta, no hay nada más allá. Saitama ha llegado al límite. Según él mismo dice, entrenó tanto, que se quedó calvo.






One Punch Man nos ahorra los trilladisimos pasos de un héroe pobretón en su evolución en la escala de victorias. Nos ofrece al héroe superno. Un héroe que no es épico, que no produce empatía, que es un superhéroe en mallas y calvo que duerme en un pequeño cuartucho de un bloque de apartamentos. Saitama se propuso vencer a todos sus enemigos de un solo puñetazo hasta ser el más poderoso. Y vaya que si lo consigue. Yo tenía gran curiosidad por ver cómo se desarrolla un anime donde el protagonista puede vencer a cualquier enemigo de un solo ataque. Lo cierto es que los combates son mucho más que entretenidos. Algunos de ellos están cargados de humor. De hecho, cuando Saitama desintegra a un enemigo de un puñetazo y sus restos se esparcen por el lugar, en vez de sentir asco, nos reímos, ya sea por la figura del protagonista o el trato pseudoépico de la escena.





El humor del anime viene sobre todo de no tomarse demasiado en serio a sí mismo. Por ejemplo uno de los enemigos es un monstruo que tiene un motor de coche en la cabeza, o un cangrejo que va en calzoncillos o un chaval cuya barbilla parecen dos pedazo de coj****. Además hay otro tipo de humor más camuflado que hace referencia directa al tipo de sociedad japonsa, como la cruda vida de un salary man o la baja natalidad en el país nipón. Bromas que quizá pueden pasar desapercibidas por el trasfondo cultural.





La animación es impresionante, muy al estilo del estudio Madhouse (Hunter x hunter, BTOOOM!, Parasyte, No Game No Life o Black Lagoon, por citar algunos). Con una calidad sólida, y un gran dibujo que se adapta perfectamente a las situaciones. Por ello la animación será muy dinámica en las batallas, recordando a Tengen Toppa Gurren Lagan, y más pausada y relajada, con los bordes de los dibujos más marcados en las escenas cómicas. Además la banda sonora acompaña a la perfección a la trama, repleta de riffs de guitarra rockeros y pegadizos ritmos de batería. En definitiva, una grandísima primera impresión.






Norma editorial acaba de anunciar una nueva y suculenta licencia. Se trata del manga de Pokémon. Sí, exacto, el manga que adapta los videojuegos. Pero ¿cuál de todos ellos? Pues se trata de Pocket Monsters SPECIAL, o Pokémon Adventures, según asegura la editorial, la adaptación más fiel de los videojuegos a manga. La serie va por el tomo 52 en Japón, y se trata del manga más vendido en este país. El manga trae algunas sorpresas que no se han visto ni en el anime de Pokémon, y será más fiel al estilo del videojuego que al anime. Esta adaptación tiene guión de Hidenori Kusaka y dibujo de Mato.


Norma Editorial ha decidido ordenar los tomos de forma alternativa a como están ordenados en Japón, de manera que cada tomo no incluya partes de otra saga (como ocurre en Japón) y sean de esta forma más autoconclusivos. La planificación, tal y como la muestran en Norma, es la siguiente:





Tras nuestro pequeño parón con las reseñas semanales del nuevo anime de Dragon Ball Super, volvemos a la carga con el séptimo episodio. Nos habíamos quedado en el inicio de la pelea contra Bills. Buu se había comido todo el puding de éste, por lo cual había empezado una pelea con la sencilla derrota de Buu. Vegeta sigue paralizado de miedo mientras Bulma le insta a pelear continuamente. El resto de compañeros pululan por el barco mostrando sus caras de asombro continuamente, algo que ha generado muchas bromas en las anteriores sagas de Dragon Ball.





El séptimo episodio está compuesto básicamente de peleas. Trunks y Gotens se fusionan pero apenas logran rozar a Bills. El resto de amigos se lanzan al ataque pero parece que Bills está muy por encima de estos. Tras unos interminables minutos de una pelea algo vergonzante para nuestros protagonistas (Piccolo, C18 y TenShinHan son vencidos con la energía que libera Bills al abrir uno de sus ojos, es decir, con apenas esfuerzo), volvemos al tema de la comida. Dragon Ball Super ensalza la cocina japonesa por encima del resto. No solo estamos hablando de sushi, todos sabemos que a Akira Toriyama le gusta dar protagonismo a esta cocina. Es imposible no salivar viendo estos capítulos donde Bills y Wills prueban deliciosos manjares de la cocina tradicional japonesa.



Respecto a los personajes, sorprende la ingenuidad con la que son tratados. Al terminar la saga de Buu, muchos de ellos habrían cobrado cierta madurez, pero en Dragon Ball Super parece que vuelven a cierta franja de edad mucho más reducida. Es decir, la serie ya no está dirigida a los que crecimos con ella, sino a los actuales consumidores de anime, más jóvenes y con más tiempo. No tendría mucho sentido adaptar la serie a los fans que la vimos cuando éramos chavales, pues debería ser una serie mucho más adulta y madura y cierta franja de público se perdería. Ojalá hubiera sido así.





El capítulo termina con una escena motivadora. Esperaremos a ver qué nos depara el siguiente. ¿Y vosotros, estáis siguiendo la serie? ¿Qué os está pareciendo?