Últimas publicaciones

Kaneto Shindo, proveniente de Hiroshima, es un cineasta que murió recientemente y que dedicó varias de sus obras a la tragedia de la bomba atómica. Pionero de la producción de cine independiente en Japón, trabajó en muchas obras como Onibaba (1964) o La isla desnuda (1960). Ahora, Fundación Japón y Filmoteca Española han decidido dedicarle una retrospectiva a este maestro del cine japonés. Durante este ciclo se proyectarán diecisiete de sus mejores trabajos, rescatando algunas obras clásicas que ni han sido publicadas en España. Durante los meses de octubre y noviembre, cada una de las diecisiete obras serán proyectadas dos veces. 

El ciclo tendrá lugar en el Cine Doré (Filmoteca Española) C/Santa Isabel, 3 (Madrid)

Kaneto Shindo en Hiroshima


Podéis ver ya la programación en la página web de Fundación Japón. Os la dejamos aquí también: 

Genbaku no ko / Children of Hiroshima (Kaneto Shindo, 1952).
Int.: Nobuko Otowa, Chikako Hosokawa, Masao Shimizu. Japón. 35mm. VOSI/E*. 96′.
Sabado 3 de octubre a las 21.40h.
Miércoles 4 de noviembre a las 19:15h.

Fukurô/The Owl (Kaneto Shindo, 2003).
Int.:Shinobu Otake, Ayumi Ito. Japón. 35mm. VOSI/E*. 119′.
Viernes 6 de noviembre a las 19:00h.

Sanmon Yakusha/By Player (Kaneto Shindo, 2000).
Int.:Nobuko Otowa, Naoto Takenaka. Japón. 35mm. VOSI/E*. 126′.
Sábado 7 de noviembre a las 19:00h.

Shukuzu / Epitome (Kaneto Shindo, 1953).
Int.: Nobuko Otowa, Jukichi Uno, Tanie Kitabayashi. Japón. 16mm. VOSI/E*. 130′.
Miércoles 7 de octubre a las 21:10h.
Domingo 8 de noviembre a las 17:30h.

Dobu / The Ditch (Taisuke Ito, Kaneto Shindo, 1954).
Int.: Nobuko Otowa, Jukichi Uno. Japón. 35mm. VOSI/E*. 112′.
Sábado 10 de octubre a las 19:00h.
Martes 3 de noviembre a las 17:30h.

Hadaka no sima / La isla desnuda (Kaneto Shindo, 1960).
Int.: Nobuko Otowa, Taiji Tonoyama, Shinji Tanaka. Japón. 35mm. VOSE. 95′.
Sábado 10 de octubre a las 19:00h.
Jueves 12 de noviembre a las 21:15h.

Haha / Mother (Kaneto Shindo, 1963).
Int.: Nobuko Otowa, Haruko Sugimura, Takeshi Katô. Japón. 35mm. VOSI/E*. 101′.
Domingo 11 de octubre a las 20:00h.
Miércoles 18 de noviembre a las 19:40h.

Onibaba (Kaneto Shindo, 1964).
Int.: Nobuko Otowa, Jukichi Uno, Jitsuko Yoshimura. Japón. 35mm. VOSI/E*. 103′.
Martes 13 de octubre a las 19:25h.
Viernes 13 de noviembre a las 22:00h.




Cada vez son más las editoriales que se suman a participar en encuentros, presentaciones de libros o cualquier tipo de actividad que les permita estar en contacto con el lector para vender libro a libro y para conocer más a quien está al otro lado de la industria editorial. Los lectores de este modo conocemos la filosofía de los editores, escuchamos sus intenciones e inquietudes y qué les mueve a escoger la publicación de un determinado libro. Y ese contacto es muy enriquecedor para ambas partes.

Una de estas oportunidades de conocer a quién hay detrás de una editorial la tendremos el próximo sábado 7 de noviembre en la librería Tezuka Comics los madrileños y todos aquellos que quieran acercarse a disfrutar de una tarde asiática. La Editorial Líneas Paralelas repasará los libros que han publicado sobre temática asiática: "Cine Coreano Contemporáneo (1990-2015). Entre lo excesivo y lo sublime" de Cristina Carrasco Pintado, Daniel Muñoz Ruiz, Doobo Shim, Jinhee Choi, Jorge Fernández-Mayoralas, Juan Manuel Corral, Nacho Cagiga y Nuria Pérez Matesanz; y "Cine de Samuráis. Bushido y Chambara en la gran pantalla" de Juan Manuel Corral. 




Quien acuda este sábado de 19:00 a a 21:00 a la librería podrá repasar con los editores de Líneas Paralelas estos títulos. Podrá conocer las principales características de la cultura coreana, escuchar historias sobre el cine de guerreros japoneses por antonomasia y aprender más sobre geishas y moda nipona. Puede ser una magnífica oportunidad para observar el entusiasmo que transmiten los editores acerca de su trabajo y de toda la pasión que han volcado en su proyecto editorial.

Sobre la librería escogida el nombre ya es una declaración de intenciones, como nos indican en su página de Facebook: Osamu Tezuka es el dios del manga, y aunque está especializada en cómics de todo el mundo se centran especialmente en este tipo de libros. La librería está ubicada en el barrio de Chamberí y el local tiene un ambiente acogedor en el que los vendedores aportan un trato atento, cercano y respetuoso. Una de esas maravillosas tiendas de cómics en las que tienen su stock cuidadosamente mimado en fundas protectoras de polietileno y que orientan y asesoran a sus clientes.

Tezuma Cómics está en la calle Meléndez Valdés número 9 esquina con Galileo, muy cerca de la estación de Quevedo (línea 2) y de San Bernardo (líneas 2 y 4). No tenéis excusa para no asistir.



El 6 de noviembre llega a los cines españoles la nueva producción de Naomi Kawase, An (Una pastelería en Tokio). La película, que ya ha visto la luz en territorio español gracias a algunos festivales de cine como el de Valladolid, ha recibido muy buena crítica desde que se estrenó.


NIHON ‘KURO’.
LA NOVELA DE MISTERIO JAPONÉS
(2. UN GÉNERO PROPIO)


Seicho Matsumoto

Si Seishi Yokomizo –del que la Editorial Quaterni acaba de publicar una de sus obras señeras, Gokumon-To. La isla de las Puertas del Infierno- marca el surgimiento de una novela negra de corte cada vez más puramente nipón –en la que destaca un inciìente retrato político, social y etnográfico del Japón de su tiempo-, Seicho Matsumoto (nacido Matsumoto Kiyoharu) le da su certificado definitivo de nacimiento.

Ambos son los verdaderos fundadores del moderno noir japonés.

Seicho nació en Kokura  (Fukuoka), en 1909; fue hijo único y no culminó la secundaria. Se educó leyendo, especialmente textos políticos, lo que le enfrentó con su padre, que, como reprimenda, le quemó su primera biblioteca. Tras trabajar en una empresa de utensilios, pasó al departamento de publicidad del Asahi Shinbun –uno de los periódicos más antiguos de Japón- como redactor antes de ser alistado en el cuerpo médico durante la II Guerra Mundial. A su regreso, fue trasladado a la oficina del diario en Tokyo, y allí, con cuarenta y casi todos, comenzó su andadura como escritor criminal.

Cartel de Suna no utsuwa
Al igual que otros autores japoneses, el primer soporte para sus historias fueron los periódicos y las revistas, en las que aparecieron sus numerosos relatos y sus primeras novelas, como Harikomi (The chase-La persecución). Su primer texto negro, Saigo satsu, se publicó en la revista Shukan Asashi en 1950. Por aquel entonces, ya era el cabeza de familia y mantenía tanto a su mujer y a su hijo, como a sus padres.


El expreso de Tokio, de Seicho Matsumoto (Libros del asteroide)

Seicho fue un autor tremendamente prolífico (más de 450 obras) y una auténtica estrella en su tiempo. Su novelas (30, escritas entre 1958 y 1992), entre las que destacan Ten to sen (El expreso de Tokio, publicado inicialmente por entregas, recopilado en forma de novela años más tarde, y editado en España por Libros del Asteroide en 2014),  Suna no utsuwa (llevada al cine en 1974 bajo el título El castillo de arena por Yoshitaro Nomura, con el que Seicho adaptó siete más de sus trabajos), Aru ‘Kokura-nikki’ den (El diario del doctor Kokura) y Kiri no hata (Pro bono) fueron grandes best-sellers y le granjearon los más importantes premios de novela popular y de misterio de su país: el Akutagawa, el Mystery Writers of Japan Prize, el Kikuchi Kan Prize o el Yoshikawa Eiji Prize for Literature.

Al igual que su predecesorSeicho realizó un duro retrato de la sociedad de su época, tanto del mundo del hampa, como de la corrupción a todos los niveles, especialmente el político y el policial, del Japón de los 50 y los 60; de sus miserias morales y del conformismo de un pueblo adormecido y complaciente. Sus novelas suelen transcurrir en ambientes decadentes, oscuros y marginales, sin ocultarlos, más bien todo lo contrario, y rezuman cierto nihilismo. A pesar de haber sido comparado con Simenon por la supuesta cercanía de sus detectives protagonistas (Maigret-Imanishi), Seicho Matsumoto entronca más con la tradición de sus colegas norteamericanos HammettChandler y McBain por su forma de reflejar la realidad que le rodea, de ver el mundo y de construir la psicología de sus personajes. Con Seishi y Seicho nació el realismo crítico y social en la novela negra nipona.


La leyenda de los ocho guerreros perro, de Fûtarô Yamada (Quaterni)

Compañero de viaje generacional de Seicho fue Futaro Yamada (pseudónimo de Seiya Yamada), 13 años más joven. Fue apadrinado por el propio Edogawa Ranpo y debutó literariamente tres años antes que Seicho, en 1947, con una novela titulada Daruma-toge no Jiken. El interés de Futaro, sin embargo –aunque no abandonó nunca el misterio-, se desvió rápidamente hacia el mundo de los ninja y sus historias (Nipocho), convirtiéndose en el autor japonés más representativo en este campo con más de 20 novelas, muchas de ellas adaptadas a la pequeña y la gran pantalla, así como al mundo del manga y de los videojuegos.

También debemos mencionar en esta época a Shinichi Hoshi y su novela Moso Ginko, que le valió el premio Mistery Writers o Japan Award, aunque, al igual que Futaro, su interés pronto derivó hacia los derroteros de la ciencia ficción, de la que es máximo exponente nipón (en especial sus microrelatos).



Próxima entrega:

NIHON ‘KURO’.

LA NOVELA DE MISTERIO JAPONÉS
(3. LA CONSOLIDACIÓN: NUEVAS VÍAS Y CAMINOS): KYOTARO NISHIMURA, JIRO AKAGAWA, SOJI SHIMADA Y NATSUO KIRINO.


Mishima es de esos autores conocidos por cualquier amante de las letras japonesas. Su nombre suena, su obra es conocida aunque muchas veces no haya sido leída y la polémica que lo precede es casi casi legendaria. El motivo y la escena de su muerte es casi vox populi: imposible no saber algún que otro dato sobre esta. Sin embargo, cómo vivió es algo mucho más desconocido y, creo yo, mucho más interesante. Además, Yukio Mishima es de esos autores fácilmente reconocibles en cada una de las letras que han escrito y cada una de las obras que ha publicado: Uno de esos escritores que deja su alma, su corazón y su cabeza en su pluma. Y hoy hablamos de una de las primeras obras, de las más conocidas y más introspectivas del autor nipón: Confesiones de una máscara.

Koo-chan, el narrador de esta novela, es un joven obsesionado con la idea de su propia muerte. Crecido en una familia de bien, mimado y criado entre algodones e ideas prefijadas por su abuela, Koo-chan crece como un joven enfermizo, débil y solitario, cuyos pensamientos lo alejan de los demás. Sabe que es diferente, pero busca esa uniformidad que lo tranquiliza, esclavo de la convencionalidad en la que se ha visto inmerso. Así, irá descubriendo sus inclinaciones homosexuales a la vez que las menosprecia como algo normal y puntual. Irá descubriendo así las inclinaciones de su corazón y las de su cabeza, aunque estas sean totalmente opuestas. Admirando la belleza de la muerte, de la violencia sangrienta, Koo-chan se sume en un estado de impaciencia por una muerte en guerra que tarda en llegar.

Mishima comienza esta novela recreando escenas y sensaciones con las que el protagonista convivió toda su vida. Escenas muy vívidas que el protagonista recrea a modo de confesión y que nos acercan un poco a la peculiar mirada del autor. Su nacimiento, en una bañera de madera y su primer encuentro con el dorado, con la belleza indiscutible de la luz de oro que abrumará al personaje - y con ello, al propio Mishima - toda su vida. Ya se pueden ver elementos que marcarán el resto de la obra del autor, que se van repitiendo con diferente forma pero misma esencia. En este primer capítulo podemos ver el crecimiento del personaje en una familia cerrada, diferente y el descubrimiento de su sexualidad en una escena tan vívida para el personaje como para el lector. Este es el primer capítulo de cuatro y en cada uno de ellos, Mishima explora la sexualidad del personaje, adentrándose en el descubrimiento de esta, en la exploración y la negación de la realidad. Cada capítulo compone por lo tanto una fase de descubrimiento de la sexualidad de Koo-chan.

Esta obra tiene un marcado tono autobiográfico, una frontera entre la ficción y la realidad con la que Mishima juega constantemente. De hecho, si conocemos un poco de la historia de Mishima podemos ver claras señales que parecen darnos a entender que está hablando de sí mismo. Y aún así, usa la ficción y no la autobiografía pues Mishima confunde al lector para que nunca sepa donde está esa frontera. El marcado tono confesional que coge la obra es una razón más para darnos a entender de que la voz de Mishima y la de Koo-chan son parecidas. Sin embargo, no son iguales y esa es la gracia del libro: Unas confesiones de un muchacho que podría ser el autor, pero que nunca llega a ser él mismo. El narrador usa un tono en primera persona que acentúa la sensación de confidencia del libro. Una primera persona además acentuada, como si fuera un diario, una revelación que el personaje nos hace a los lectores y a la vez, a sí mismo. El tono de la novela, tan intimista, tan cercano, nos da la sensación de que nos ponemos bajo la piel de Koo-chan y que este se habla a sí mismo, se confiesa a sí mismo antes que a ningún "Dios". 

A través de la pintura "El martirio de San Sebastian" de Guido Reni, El protagonista descubre su fascinación por el cuerpo masculino y por la sangre y la muerte. Estos dos temas se tratarán durante toda la obra con el tono duro y sincero que caracteriza toda la obra. Su primera experiencia sexual tiene a San Sebastian como protagonista y a partir de entonces, este marcará el molde que busca Koo-chan en el cuerpo masculino. Un cuerpo esculturado, delineado por la belleza, un cuerpo joven y torturado. La fascinación por la muerte es uno de los temas principales de esta novela y nacen a partir de esta imagen. A partir del segundo capítulo de la novela este tema se convertirá en esencial al aparecer un elemento muy característico también en muchas otras novelas del autor (y en muchas novelas de autores japoneses de esa época): La segunda guerra mundial. La cotidianidad del relato de Koo-chan ante las alarmas, las bombas y la muerte se hace desgarrador y aunque no es el tema principal de la novela, sorprende la frialdad de sus palabras. Sin embargo, creo que es una manera de acercarnos a la mirada de un japonés en aquella época, en la que toda esa población intentaba aferrarse a la aparente normalidad. La fascinación por la muerte de este personaje, que se verá alimentada por esta guerra que estalla y que hace creer a Koo-chan que está en lo alto de una cuerda floja, es otro elemento más de estas sensaciones. Un sentimiento que, lejos de asustarlo, lo fascina tanto como esa primera imagen de San Sebastián ensartado. 

También a partir de San Sebastián vemos la difusión entre lo corporal y lo mental. Koo-chan hace esta distinción para protegerse a sí mismo, pero también la hace el propio Mishima en otras de sus obras: Una separación que marca la belleza exterior con la interior, que separa el deseo con el amor y que ampara la fascinación que siente Koo-chan hacia el cuerpo masculino dentro de la normalidad. De hecho, esta imagen fascinaría al propio Mishima, que la recrearía tiempo después con su propio cuerpo. 
Mishima como San Sebastián en su martirio.

Una de las primeras novelas de Mishima y la que lo catapultó al éxito es un juego entre las confesiones de un joven adolescente que se ampara detrás de una máscara para encajar en la sociedad y las propias confesiones del autor, Con una forma de escribir más sencilla que sus obras posteriores, pero igualmente muy elaborada, Mishima embelesa al lector con una muestra de su interior. La edición de Alianza es impecable y la traducción de Rumi Sato y Carlos Rubio aún más. Una obra imprescindible para conocer el autor e ideal para adentrarse en su obra. 




A pesar de que el matrimonio de los padres de Kanako se rompió años atrás, su madre no duda en recurrir a su ex-marido y ex-policía para que le ayude a encontrarla. Su desaparición desde un principio no parece una travesura adolescente. Buscando alguna pista que les dirija en la dirección correcta, su madre descubre en su mochila una lata rebosante de pastillas, jeringuillas y bolsitas con polvo blanco. 

Como una buena madre, el primer impulso de Kiriko es pensar que alguien ha engañado a su niña, que esas drogas no pueden ser suyas, que algo terrible le ha sucedido. Sin embargo, su padre no lo ve tan claro. Aunque sus amigos no dejan de repetir que tiene una personalidad arrolladora, que es una buena alumna, algo huele a podrido en Dinamarca. 



El montaje que ha realizado el director Tetsuya Nakashima trata también de confundirnos. Constantes flashbacks que nos muestran a una Kanako dulce, con una sonrisa que enamora a quien la mira, con una cara dulce de no haber roto nunca un plato, y una música evocadora cada vez que su rostro inunda la pantalla. No obstante, aporta ciertos golpes de realidad que nos hacen sospechar que Kanako no es tan niña ni tan tierna como parece.

Uno de los recursos que nos hacen dudar es la elección del libro de Alicia en el país de las maravillas como metáfora. Todos persiguen a Kanako al igual que Alicia al conejo blanco, ese blanco de las drogas que parece ser que Kanako administra a quien quiera seguirla. Todos la persiguen de forma hipnótica, todos la veneran como a una diosa. 



Si la historia que nos cuenta el guión del propio Tetsuya Nakashima (basado en la novela Hateshinaki kawaki (2005) de Akio Fukamachi) es atrayente, aún lo es más el modo que escoge para hacerlo. Saltos continuos en el tiempo al más puro estilo Tarantino, estética de videoclip con toques de manga, una banda sonora excelente sin la que la película no sería lo mismo, toques de violencia extrema rozando en algunos momentos el gore. Quien lleva las riendas de la narración es el padre de Kanako, Showa Fujishima (interpretado por Koji Yakusho), y no podrían haber hecho mejor elección en el casting. Un personaje extremo y violento, con una vida destrozada y hundida tras su divorcio, lo que le lleva a un estado tal en el que los riesgos que toma son consecuencia de su escaso apego a una vida que odia. La búsqueda de Kanako se convertirá en una obsesión más dirigida a desenterrar en lo que se ha convertido su hija que en un afán de encontrarla.

El director no deja títere con cabeza y gracias a esta historia mete el dedo en la llaga de temas sumamente delicados: el suicidio juvenil, el bullying en las escuelas ante la nula mirada de los profesores, las drogas, la prostitución, la pedofilia. Y a pesar de ser temas incómodos los trata de un modo premeditadamente abierto, para incomodar al espectador, para hacerle reflexionar. El ritmo de vida, el trabajo que absorbe todo nuestro día a día nos hacen desatender a quienes más queremos y deberíamos sentir más cercanos. Pero debido a la falta de tiempo y de voluntad en un acercamiento provocan que convivamos con extraños de los que apenas sabemos nada.



Aunque el final me dejó un tanto fría, quizá por dejarlo abierto, he de reconocer que la historia es tan hipnótica como la propia Kanako. Es uno de esos films que no te dejan indiferente, en los que no puedes dejar que tu atención se evada ni por un minuto, porque toda la información aportada es relevante para construir el rompecabezas que es el mundo que envuelve a Kanako.

La cinta ha sido merecidamente premiada desde el año 2014 en que se estrenó: Koji Yakusho recibió el Premio al Mejor Actor en la sección oficial del Festival de Sitges en 2014; Tetsuya Nakashima recibió el Premio al Mejor Director Revelación en el Festival de Cine Japonés; la cinta recibió el Premio al Mejor Guión en el Festival de Cine de Austin. Una variedad de galardones en diferentes puntos del planeta que avalan la calidad de esta historia.



Siempre me han fascinado las puertas. Un armazón de madera de un grosor entre 35 y 45 mm con un poder psicológico más allá de lo racional. Una puerta no solamente nos separa del mundo exterior, sino que posee la capacidad de mantener a buen recaudo nuestra intimidad. Tan solo son unos centímetros de madera, apenas un instrumento con una solidez dudosa. Sin embargo, una vez cruzado el umbral de nuestras viviendas mentalmente nos introducimos en otro espacio. Un lugar protegido, confortable, donde nos sentimos a salvo y tranquilos. Un espacio construido con nuestros sueños, donde mantenemos a salvo los objetos que más valoramos, donde nos sentimos libres para actuar a nuestro antojo. Y sin embargo tan solo unos milímetros nos separan de nuestros vecinos, de nuestro rellano, del pasillo de entrada a nuestro hogar. Pero esa puerta con esa cerradura, nos hace sentirnos a salvo de las intrusiones ajenas.

En los Apartamentos K para damas tendremos 150 habitaciones en las que poder sentirse a salvo. Cada una tiene su puerta y su cerradura. Pero como una magnífica idea de ingeniería, quien puso ahí esas puertas ideó una llave maestra que pudiese abrirlas todas. Es una gran idea. Puedes perder tu llave, tener una emergencia, un incendio, un escape de gas. Y las recepcionistas al cargo de la gestión del edificio y del uso de la llave podrán echarte una mano ante una incidencia de este tipo. Sin embargo, la curiosidad humana en ocasiones es demasiado grande, y más cuando tienes tan a mano un instrumento para poder acallarla. Por eso la llave maestra desaparece, poniendo así en peligro la intimidad y la integridad de todas las residentes.

Esto sucede unos meses antes de una intervención programada en el edificio: el desplazamiento de la casa unos centímetros, orquestado por un plan de urbanismo en el que esa casa no encaja bien donde está. Durante meses se trabajará en la preparación de dicho desplazamiento, asegurando a las residentes que no percibirán nada el día que se realice, que pueden permanecer en sus habitaciones y comprobar con un vaso de agua que no se derramará ni una sola gota porque no habrá movimiento alguno.

En esos meses previos iremos conociendo a algunas de las residentes. Como a Toyoko Munekata, una mujer que ha entregado su vida a la recopilación del trabajo de su marido, un conocido científico del que muchos son quienes reclaman su obra. O a Noriko Ishiyama, una ermitaña en su propio hogar, una mujer extraña con un fuerte síndrome de Diógenes que desde hace años se alimenta de cabezas y espinas de pescado y que duerme en el armario. O a Suwa Yatabe, una profesora de música con una malformación en los dedos y un enorme secreto escondido en una repisa de su apartamento.

A través de las vidas de estas mujeres recompondremos la forma de vida y de pensar del Japón posterior a la II Guerra Mundial. Con tan solo algunos detalles, podemos extraer mucha información sobre el funcionamiento de este tipo de edificios, cómo estas mujeres llegaron a refugiarse ahí, cómo eso ha condicionado el resto de sus vidas, ya que las visitas masculinas deben están reguladas y nunca un hombre podrá pasar la noche allí. Un libro rebosante de melancolía, de soledad, de espera, de tristeza. Aunque la narración no resulta especialmente triste, sí lo es el poso que te deja. 

Aunque en ninguno de los detalles que os he relatado hasta ahora se aprecie, La llave maestra está considerada como una novela negra. Y algo de eso hay. Aunque en un inicio pueda parecer la típica historia de habitación cerrada, pero trasladada a un edificio completo en vez de a una habitación, hay algo más. La intriga te mantiene en vilo desde la aparición en las primeras páginas de un niño muerto dentro de una maleta. Será uno de los leitmotiv de la novela utilizado como excusa para transitar por las viviendas de las residentes de los Apartamentos K. Una búsqueda de la propia identidad a través de las vidas ajenas.

Puede que lo que más me guste de las novelas negras japonesas es que son una simple exposición de los hechos. De una forma mucho más objetiva que las occidentales dejan que sea el lector quien emita sus juicios de valor. Escogen un acto delictivo, un suceso digno de ser llevado a los tribunales, y exponen todo lo que rodea a ese delito para que sea alguien desde fuera quien valore si ese delincuente actuó mal o no, si sus motivos eran lícitos, si fue tan terrible lo que hizo. 

Masako Togawa (1933) es una mujer polifacética que no solo se ha dedicado a la literatura. También ha trabajado como guionista, cantante, compositora musical, actriz de cabaret... En 1962 publicó La llave maestra, con la que obtuvo el prestigioso premio Edogawa Rampo a la mejor novela de misterio ese mismo año. En castellano tenemos traducidas dos obras más de la autora, Lady Killer (1963) y Un beso de fuego (1985), ambas editadas por Ediciones B. Aunque no son fáciles de encontrar sí que es posible dar con ellas en librerías de viejo o en webs especializadas.
El amor es uno de los temas más universales en la literatura. Miles de libros, miles de historias han sido contadas con este sentimiento de trasfondo. Miles de ideas que confluyen en una sola: En el amor puro y pasional que transforma a las personas, que los lleva más allá de sus límites. Hiromi Kawakami, la autora protagonista de la reseña de hoy, no se salva de este sentimiento; podemos ver en la mayoría de sus obras conocidas cómo, de diferentes maneras, el personaje principal va adentrándose más en su propio corazón. Sin embargo, el libro que llega hoy a nuestras manos, una antología de ocho relatos, se aleja un poco de la idea del amor y a la vez, la abraza con todas sus fuerzas.



Abandonarse a la pasión es un libro diferente a lo que estamos acostumbrados. De hecho, esta antología difiere bastante del resto de la obra de la autora. Formado por ocho relatos cortos (el libro entero no llega a las 150 páginas), protagonizados siempre por una mujer y por el amor. O el desamor. Como una puesta de sol, el lector puede contemplar el relato entrelazarse con el horizonte antes de desaparecer. Y sin embargo, nos queda el reflejo tornasolado de los últimos rayos en la memoria. Y es que son cuentos que no desaparecen con facilidad, sino al contrario, van acumulándose conjuntamente en el interior del lector. Aunque cada cuento tiene su propia personalidad, Kawakami usa siempre un punto de vista personal, metiéndose dentro de las mentes de las protagonistas que son ocho diferentes y a la vez, una sola. Pues aunque todas tienen vidas diferentes, relaciones diferentes, todas parecen trazadas por un patrón similar: La soledad, la necesidad de sentirse querido, arropado o simplemente, acompañado. La melancolía que las rodea y que rodea sus relaciones son los tonos que mezclan los ocho relatos de este pequeño libro. Aun así, el tono de cada uno de los cuentos es diferente. Sí es verdad que tiene varias características en común, como las relaciones personales entre un hombre y una mujer o esa melancolía y soledad que parece rodear a cada una de las protagonistas de los ocho relatos. Pero aún así, estos son diferentes entre sí y nos cuenta historias muy variadas. Algunos relatos son más bien juguetones, divertidos y otros afrontan la historia desde un tono más serio o hasta fantasioso.

Todos los cuentos afrontan el amor desde la cotidianidad. El día a día, situaciones normales en pareja como puede ser salir a comer, ir de picnic o ir al parque de atracciones, son narrados desde una mano experta para mostrarnos a su vez lo diferente de cada una de las relaciones. Situaciones diarias en las que las protagonistas tienen oportunidad de preguntarse, de plantearse cuestiones relacionadas con el amor o con la propia identidad, una marca clara de la autora en muchas de sus obras. Son preguntas, sin embargo, que quedan sin respuesta y que el lector tendrá que buscar en sí mismo. La sexualidad es otro leiv motiv de la mayoría de los cuentos. Una sexualidad desinhibida y a la vez, llena de complejos. Un tema tratado desde un punto de vista muy alejado del occidental y que sin embargo, nos parecerá muy cercano. La mayoría de relatos contienen ese toque erótico, en algunos mucho más presente que en otros, pero siempre constante. Otro de los motivos que se presenta, de forma más o menos tangible, en la mayoría de los relatos es el agua. El agua, en forma de lluvia, lago, mar, cualquier forma en la que se presente, tiene un significado especial para los japoneses.

El estilo de Kawakami se adapta a la perfección con este tipo de relatos y con su sencillez, logra transmitir mucho más de lo que parece. Más allá de la superficie reflejada, Kawakami explora en las profundidades del amor; no solo su luz, sino también su oscuridad. No solo la delicadeza poética del amor, sino también su cualidad desgarradora. Una prosa cercana que ayuda a intimar no solo con los personajes, sino con la propia autora y todo el mundo creado alrededor de las ocho historias de pasión. Con el ritmo suave que caracteriza a la autora, los ocho cuentos forman parte de una misma antología, de un mismo mundo, un mismo ambiente característico de la autora. Además, Kawakami se aleja de su registro más conocido para adentrarse en historias más bizarras, sin perder nunca ese sentido de la belleza, de la sutilidad y de la cotidianidad que caracterizan el resto de novelas de la autora. El amor que sienten las protagonistas es un amor doloroso, pero de un dolor que termina por gustar. Un amor íntimo, desgarrador, o frío y lejano como el agua. La autora narra ocho formas diferentes de enfrentarse al amor, de comprenderlo o expresarlo. 

Empieza con lluvia y acaba con un lago. Empieza por una relación casi nueva, casi intacta, para acabar con una relación centenaria. Kawakami construye muy bien todas las historias entre sí para que tengan un hilo conductor similar que no solo acoge el amor, sino otras características. El orden de los relatos no es casual, pues más que relatos independientes, parecen ocho porciones de una misma cosa. Suicidios, inmortalidad, soledad, pasión o los límites de esta, frustración y melancolía. Kawakami nos trae todas estas cuestiones con una sincerdad que al principio puede asustar, pero que de tal cercanía que al final, emociona. Silenciosamente, Kawakami se adentra en la mente del lector y llega un momento que no la suelta: Si has llegado hasta aquí, ya no vas a salir.

A finales del siglo VIII se inicia en Japón el período Heian, caracterizado por su esplendor y belleza y considerado por todos los literatos japoneses como el inicio de la literatura japonesa clásica. Sin embargo, no fue hasta el siglo X que el esplendor cultural empezó su época más conocida y productiva. Fue en esa época en la que aparecieron las dos obras de literatura clásica japonesa más conocidas tanto en territorio nipón como en tierras extranjeras. Estoy hablando, por supuesto, de La novela de Genji por Murasaki Shikibu y de El libro de la Almohada por Sei Shonagon. Es este último del que voy a hablar en esta reseña y aunque ambos libros marcan la literatura de la época y nos abren una ventana a la realidad del período Heian, son dos libros bastante dispares entre sí en cuanto a su desarrollo y estructura. 

Se cree comúnmente que El libro de la almohada es llamado así por los cuadernos de notas que también han existido en la cultura occidental (llamados bedside book en inglés o livre de chevet en francés). Cuadernos de notas en los que sus autores apuntaban ideas o frases que aparecían en ese momento que oscila entre el desvelo y el sueño. Otros apuntan a la explicación que da la misma Shonagon al final del libro, de la cual se sospecha su validez.

"Un día, el Ministro del Centro entregó a la Emperatriz una pila de cuadernos. La Emperatriz me preguntó: "¿Qué se podría escribir en ellos? El Emperador ya está redactando los Anales de la Historia." Entonces yo le contesté: "Si fueran míos, los usaría como almohada:"

Sea como sea, este libro es el representante del género zuihitsu (literalmente "al correr del pincel"), bastante extendido en la época, en la que se reúnen ensayos fugaces, pensamientos íntimos, poemas o apuntes autobiográficos. Por lo tanto, es libro que carece de un hilo narrativo o de unos personajes concretos, sino que reúne textos que Shonagon escribía, ya fuera encima de su almohada o en cualquier otro lugar. 

Sei Shonagon, llamada así durante su servicio en la Corta en la década de 990, es una autora de la que poco se sabe. Durante unos años fue ayudante de la emperatriz Sadako. En el libro nos aparece como una mujer adelantada a su época, extremadamente inteligente o capacitada, cultivada y muy cínica. Es así como la vemos a lo largo de los diferentes ensayos y recuerdos que Shonagon va plasmando durante el libro. El libro de la Almohada, por lo tanto, está plagado de fragmentos que tienen en común la pluma y personalidad que los ha escrito. No hace falta comentar que la riqueza cultural que alberga este libro es incalculable. A través de escenas vistas desde el punto de vista de la autora, a través de poesía, de las largas listas que caracterizan este libro, podemos recorrer fácilmente la época, podemos acercarnos a esos años y esa cultura que parece tan lejana. Y a la vez, podemos comprobar que no es tan lejana, sino que al contrario, el ser humano parece tener varias cosas en común, pese a que centenares de años separen unos de otros. 

Sei Shonagon por Tsukioka Settei
Sin embargo, no solo el carácter estudioso que puede tener el libro lo hace interesante. A través del texto podemos recoger detalles, impresiones y observaciones de la escritora. Fragmentos que evocan emociones que aún hoy siguen intactas o largas listas de objetos o sensaciones que nos muestran el filtro de belleza con el que los cortesanos del Japón en la época Heian contemplaban el mundo. Es un libro fácil de leer, pese a que la escritura es delicada y detallista y está plagada de alusiones a poesía japonesa o china de la época. Y aunque el libro carezca de trama o de continuidad, forma un conjunto de deliciosa literatura que se hace evocador al leer y que está formado por centenares de fragmentos diferentes y a la vez, similares. Aunque se hace algo de leer, sobretodo las escenas minuciosamente relatadas, se hace a su vez interesante para todos aquellos que les produzca placer el leer escenas detalladas. El caracter de la autora se deja ver a través de sus palabras con una facilidad pasmosa y es una personalidad con tanto encanto que irremediablemente el lector cae rendido a sus pies. 

Podemos ver una contraposición en la novela de Murasaki y el libro de Shonagon. Pues mientras que Genji Monogatari tiene como transfondo el aware (la melancolía ante lo bello y fugaz), en Makura no soshi vemos plasmado el concepto de okashi, que vendría a significar lo alegre, lo ingenioso, una palabra que en el original se repite constantemente. Seguramente esta fue una de las razones que ha llevado a la sociedad japonesa a criticar a esta autora desde la aparición de Makura no soshi, pues la han tildado de superficial o cotilla innumerables veces. Y aunque Shonagon apartó la tristeza de su época, aún podemos ver la belleza e inteligencia que plasma en cada una de sus palabras. 

Las ediciones en español están publicadas por Adriana Hidalgo editora y, posteriormente, por Alianza. Esta última edición lleva más acotaciones y explicaciones que el primero y es, por lo tanto, más aconsejable (aunque yo leí la primera edición). Este libro no es un libro de lectura ligera (como puede parecer por los cortos fragmentos) ni de lectura rápida, pero sí de lectura placentera y sencilla. Shonagon carga en sus palabras las características de la época en la que vivió. No nos engañemos, este no es un libro para dormir o para leerse entre sábanas, pero sí para hacernos evocar la melancolía y belleza de los tiempos pasados japoneses. Y aunque es el invierno la estación que más ilustraba los pensamientos de pérdida y desaparición predicada por la religión, Shonagon empieza el Makura no Soshi evocando la belleza de la primavera: 

"En primavera, el amanecer. Cuando al insinuarse la luz sobre las colinas, los contornos se tiñen de un pálido rojo y purpúreos jirones de nubes flotan sobre las cimas." 


Me encanta la ciencia ficción. No es ningún secreto. Quienes me conocen saben que además me pirra lo asiático (no solo Japón, también Corea, China y Taiwán), así que no les debe de extrañar lo tontísima que me pongo cuando doy con una producción en la que se combinan ambos, independientemente de si luego resulta bueno, o un truño. Lo que sí es cierto es que las mayores satisfacciones me las he llevado por parte nipona.

Desde muy jovencita (tal vez a los doce años o así) quedé fascinada por la ciencia ficción japonesa gracias a distintos ovas y películas de anime que descubrí en el videoclub. Por supuesto, devolví los VHS echando humo. Macross, Alita, Appleseed... Ni qué decir tiene que a mis treinta y nueve años ya, la lista de favoritos es bastante amplia a estas alturas, aunque hoy no quiero hablar de la buenísima (y a veces rallante) ciencia ficción que se puede encontrar en el anime. Eso, quizás, otro día. Y es que si hablamos de producción audiovisual, os aseguro que hay vida más allá del anime, y no solo en cine, sino también en televisión. Del primero, a España llega bastante poco; en cuanto al segundo... ya ni hablamos. Solo diré: bendito internet, gracias por existir.

Si la memoria no me falla, la primera peli cifi japonesa que vi fue Tetsuo (1989, la de 2009 aún no la he visto). Aquello era raro de narices (y repugnante en ocasiones), pero debió de ganar la fascinación sobre el asco porque acabé viendo la secuela. La historia de esta segunda entrega se entendía mejor, pero la etiqueta de Serie B (qué digo B, Z por lo menos) la convertía, más que en cifi, en algo tipo Tokyo Gore Police (que también me vendieron como ciencia ficción, aunque claro, si me hubiera fijado más en el título...).

Ahora bien, la película que de verdad de la buena me hizo decir «¿Dónde hay más droga de esta? Póngame dos», no fue Battle Royal como algunos puedan pensar (no sé cómo será la novela, pero en la película la ciencia ficción es anecdótica), sino Returner. Alienígenas, viajes en el tiempo, cachivaches, batallas... ¡y efectos especiales decentes! Es posible que quienes la hayan visto (o la vean después de leer esto) digan que no es para tanto, pero tenéis que comprenderme: aparte de pelis de samurais (algunas de corte fantástico), terror y algún que otro género de tipo realista, de ciencia ficción en imagen real no había nada más en aquella época, y encima, esta era un producto más que aceptable (también salió poco después Casshern, pero fue una tremenda decepción).




Lamentablemente, a España sigue llegando poco, aunque hace un par de años, por fin, irrumpieron en el mercado un par de distribuidoras especializadas en cine asiático. No obstante, de títulos cifi hay poco: la adaptación de Space Battleship Yamato, las dos de Gantz, la trilogía  de 20th Century Boys (que me parece sobrevaloradísima) y... para de contar. Bueno, pronto llegará Capitán Harlock, aunque, personalmente, me pareció una adaptación semi decente y fallida como película (a menos que sepas de qué están hablando, el argumento no se entiende; eso para empezar). Pero quién sabe, quizá con un poco de suerte veamos en DVD la interesante Libray Wars, por ejemplo, y creo que Parasyte tiene posibilidades; porque aquellas que son anteriores a 2013 (y mucho menos las clásicas de los 90) mejor nos olvidamos. Ah, y que nadie mencione Shingeki no kyojin (Ataque a los titanes), por favor. Sí, sí, también es cifi (o al menos sigo convencida de ello); sí, sí, ya está confirmado que habrá DVD/BR en España, pero... la puedo recomendar como curiosidad, porque como peli es floja, floja.

Anda, mira, ya tengo excusa para hablaros otro día de buenas pelis/series que son adaptaciones de manga/anime/novelas (hay porrón) y las que ni son buenas pelis, ni buenas adaptaciones, ni nada.
Esto... Vamos a ver, Felicidad, llevas un buen rato «hablando», citando títulos para que nos quede claro que has visto mucho, pero no estás entrando en materia; no nos estás hablando de cifi nipona en realidad.

Cierto, pero en mi defensa diré que estaba todo calculado. Y es que, para los amantes de Japón, es muy probable que todo esto que estoy contando no sea nuevo, aunque está bien mencionarlo para que nos entendamos (sobre todo por gustos personales). Cine y anime/manga es lo más consumido/buscado; la literatura se está abriendo paso, es verdad, pero tengo comprobado que no son muchos los que se interesan por las series (dorama), o ni siquiera saben que existen webs que se nutren de este pequeño formato. Una lástima, porque se pueden encontrar pequeñas joyas, algunas de ellas cifi, que merecen un reconocimiento especial.

De eso, y no otra cosa, es de lo que os quería hablar. De dos títulos, dos series que, en mi humilde opinión, pertenecen al rango de clásicos y que todo amante de la cifi, con curiosidad más allá de lo autóctono o lo anglosajón, debería conocer: Bokura no yuuki – Miman toshi (tal vez la encontréis por ahí como Las llaves de la ciudad) de 1997 y Long Love Letter de 2002.

Hay dos aspectos de la ciencia ficción nipona que, para mí, destacan sobre los demás: el que se centra en balancear ciencia/alma (los términos son cosa mía, espero que se entienda lo que quiero decir) y el que habla de la contraposición individuo/sociedad. En ocasiones se combinan ambos, y el resultado, como he repetido hasta la saciedad, es tan fascinante como raruno.

En este caso, los dos títulos se centran en lo segundo: individuo/sociedad. Y es que una temática que he visitado bastante es: el mundo que conocíamos ha desaparecido, ¿seguimos con las mismas costumbres, o las cambiamos? Tenemos que pensar, además, en la perspectiva japonesa (si habéis leído sobre su reacción tras la SGM lo entenderéis mejor, si no, recomiendo la lectura de El crisantemo y la espada); véase, algo ajeno ha irrumpido en nuestras vidas y solo tenemos dos opciones: asimilarlo hasta hacerlo nuestro, o perecer.




Puede que no lo creáis (yo tampoco, teniendo en cuenta lo poco romántica que puedo llegar a ser), pero de esos dos dorama, el primero que vi fue Long Love Letter. Es posible que estuviera de bajón y el título moñas me importara poco, aunque sí recuerdo pensar «¿Qué ñoñada de instituto es esta?», y al terminar el primer capítulo exclamar «Pero ¿qué coñ...?». Haceos una idea: típica historia juvenil de adolescentes, con un par de profes que se ailovian pero no lo dicen, y de repente... ¡toma! Portal temporal que te traga (aunque los protas, ni tú, lo saben de momento). Siguiente capítulo: estás en el mismo instituto, no hay nadie, todo a tu alrededor es desierto y no tienes qué comer ni beber. Final del capítulo dos: unas criaturas chungas atacan. WTF? Y esa es la historia que sigue a continuación: te sigues comportando como un imbécil, o reaccionas. ¿Qué pesa más: el bien individual, o el colectivo? Luego llegas al capítulo once (el último) y lloras como un/a idiota no solo porque entonces entiendes el título de la serie, sino porque te preguntas «¿Han arreglado el futuro de mierda que nos espera, o todo el esfuerzo y el sacrificio han sido en vano?». Hacedme caso, la serie merece la pena aunque no estéis acostumbrados a la sobregesticulación que a veces parece más de anime que de gente común. Es una oda a la superación personal en un ambiente hostil y carente de esperanza, pero en especial: cifi wena cuando juntas todas las piezas.

En cuanto a Bokura no yuuki, admito que me costó decidirme a verla (me parecía demasiado «vieja» y con evidente poco presupuesto), pero lamenté haber tardado tanto. Estamos hablando de un El señor de las moscas en versión japo; y sí, cifi, donde una extraña enfermedad mata a todos los adultos en una ciudad y los jóvenes quedan aislados del mundo exterior.

Dejando de lado la aparición de esta peculiar plaga, hay dos temas muy bien tratados: por una parte, la disyuntiva entre acción/conformismo; y por otra, nuevo/viejo. Es decir, rebelarse contra el adulto que nos mantiene encerrados y nos amenaza con castigarnos si nos atrevemos a salir del perímetro que nos ha marcado, o acatar sus normas; y la idea de por qué voy a seguir aceptando unas reglas sociales cuando está claro que el mundo ha cambiado (vamos, no voy a obedecerte solo porque seas mi senpai, eso era antes; ¿acaso te has ganado mi respeto?). Es verdad que luego queda todo muy happy, pero el trayecto merece la pena.

¿Y la cifi? ¿Dónde está la cifi? Cierto es que la parte científica está bastante diluida y que el escenario per se es solo una excusa, pero la parte de especulación social es muy marcada y... ¿qué queréis que os diga? Es precisamente la ciencia ficción la que más ha desarrollado estos asuntos, y ese es uno de los motivos por los que me gusta este género.
Sé que podría haber añadido otra serie al listado como Zettai Kareshi (también conocida por los títulos Absolute Boyfriend o Mi novio es un robot) que, aunque parece que tira mucho de la parte romántica, lo cierto es que tiene bastantes elementos asimovianos. No obstante, creo que por hoy ya me he enrollado bastante. Otro día, más. Solo me queda esperar que alguno de estos títulos haya despertado vuestra curiosidad.
Aunque en la web de la editorial aún no encontramos información sobre este libro, podemos anticipar esta noticia gracias a la información de las distribuidoras. A partir del 5 de Octubre encontraremos en nuestras librerías los Cuentos tradicionales de Japón de Richard Gordon Smith (1858-1918). Richard Gordon Smith fue un naturalista británico que realizó numerosos viajes a lo largo de su vida para catalogar muestras de animales y plantas para enviar al Museo Británico. Esta recopilación de cuentos fue publicada originariamente en 1908, tras un viaje a Japón que realizó en 1897. Allí, quedó maravillado con la riqueza y el exotismo de su folclore, y trató de recopilar toda esta sabiduría en esta obra.

Habrá que esperar más información para ver el interior de la obra, pero al parecer la editorial Satori nos ofrece una magnífica edición con 63 láminas a color. Una obra imprescindible para los amantes de Japón, de los mitos y de las leyendas tradicionales orientales. Esta recopilación tendrá 352 páginas y un precio de 26€.

"Cuentos tradicionales de Japón" reúne una selección de leyendas históricas, narraciones de carácter mitológico y cuentos populares recopilados por Richard G. Smith a lo largo de su estancia en Japón durante la Belle Époque. A través de sus páginas recorreremos el Japón mágico: fantasmas y espectros; reinos submarinos, amores no correspondidos; árboles y ríos habitados por los dioses sintoístas de la naturaleza; cuentos inspirados en el estricto código del honor samurái o relatos nutridos por las enseñanzas budistas y el espíritu zen.


El primero en promover el género nikki fue un hombre llamado Ki no Tsurayuki, que escribió el Diario de Tosa (Tosa nikki). El diario recoge los 55 días de viaje de una de las provincias hasta Kioto, la capital de la época. Una de las características de este diario es que el autor fingió que era una mujer de la corte la que describía el viaje del cortejo en el texto. Cabe destacar que este autor era también el autor del prólogo (en chino) del Kokinshu, la antología de poesía más conocida y estudiada por la época. Dicho prólogo estaba escrito en chino, sin embargo Ki no Tsurayuki escribió en kana el diario y seguramente por eso se puso en la piel de una mujer. Este es el primer diario destacable que se conserva de la época, pero en él se comenta que eran los hombres los que mayoritariamente escribían ese tipo de documentos, seguramente en el idioma del país vecino.


Ki no Tsurayaki
Los seis diarios escritos por mujeres que se conservan son todos diferentes entre ellos y posteriores al Tosa nikki. Algunos son de ficción, como el diario de Izumi Shikibu (Izumi-Shikibu nikki del 1003 al 1004), una de las poetas más conocidas de la época y que escribió un diario en tercera persona que relata una relación tormentosa entre ella y el príncipe Atsumichi. Otros diarios narraban la realidad con un carácter casi histórico, como el diario de la dama Sanuki (Sanuki no Suké no nikki) que relata la enfermedad y muerte de un emperador.

El Diario de Sarashina (Sarashina nikki) o el Diario de la efímera (Kagero no nikki) son diarios que narran experiencias largas y divididas en el tiempo. Son los dos mejores ejemplos de diarios en los que la autora busca narrar los eventos más importantes de sus vivencias, lejos de escribir diariamente. El primero es de los diarios más conocidos (y de los pocos que han llegado traducidos a orillas españolas) y narra la vida de la autora a los trece años, edad en la que regresa a Heian con su padre, un gobernador de provincias. Este es de los pocos diarios narrados por una mujer que no pertenecía al núcleo de la corte, sino a sus múltiples ramas. El segundo diario es narrado por la mujer de un príncipe, que tenía varias concubinas y esposas, en un tono más bien complaciente y amargo.

Uno de los diarios más conocidos fuera del país nipón es el Diario de Murasaki Shikibu (Murasaki-Shibiku nikki). Esta fama viene sobretodo de la autora, pues es la escritora de la conocida Novela de Genji. Si es un diario o no es algo muy discutido por críticos literarios, pero sí es verdad que los varios fragmentos que se conservan son una clara muestra del nikki como lo entendemos en la literatura japonesa: Murasaki Shikibu se dedicó a plasmar sus sentimientos y sensaciones en los eventos que vivió durante la época en la que era dama de compañía de la Emperatriz Shoshi, la segunda esposa del emperador. Murasaki no solo escribía sobre la emperatriz, sino que también comentaba la vida de otros personajes públicos, algunos conocidos en la actualidad como Izumi Shikibu o Sei Shonagon. La validez documental de este diario es discutible, pero relata a la perfección la vida de una dama de la corte y sus obligaciones en cuanto a la belleza, a la vestimenta o a la cultura. 
Dama Sarashina, extraído de "Diaries of court ladies of old Japan"


Desmarquemos los nikki de los diarios occidentales. Sí es verdad que normalmente los diarios están escritos en primera persona y reflejan los pensamientos del autor (hay excepciones a eso también), la idea de plasmar el día a día o las vivencias de la persona es bastante distante a la concepción que tenían los japoneses de la época Heian de los nikki. Son diarios que muchas veces oscilan entre lo ficcional y lo real, algo que también difiere de los escritos de occidente. Tampoco se comparte la privacidad ni la intimidad con la que se asocian los diarios occidentales. Los diarios de la época Heian, normalmente narrados por mujeres, no son narraciones de las experiencias del día a día, sino que se concentran en los hechos más destacados que rodean la vida de la autora, aunque estos hechos no la afecten a ella directamente. Estos diarios tienen en común estar escritos en la misma época y contener la gran mayoría experiencias vividas por la autora y poemas breves de tipo tanka, que eran los que se solían escribir entonces. Aunque la persona que lo escribía solía reflejar los pensamientos y sentimientos que despertaban los hechos vividos y plasmados en el diario, estos no tenían un carácter íntimo y se transmite, a través de sus palabras, una intención comunicativa; los diarios no eran privados, sino que eran compartidos por las personas que rodeaban a la autora.

Este género, junto con el género zuihitsu, conocido sobre todo por El libro de la Almohada (Makura no soshi) de Sei Shonagon, la poesía y el género epistolar, fueron las cuatro formas más extendidas de escritura durante la época Heian. Todos tienen en común ese carácter comunicativo que comparte con el género nikki y que tanto lo diferencia de los diarios occidentales: Los textos se compartían, se recitaban y se leían. Se enviaban junto con cartas, de forma que tanto la poesía como los diarios unían a los cortesanos. Por eso mismo, la propia belleza del texto estaba asociada también a la belleza física de este: Las cartas y poemas solían enviarse con flores, ramas y papeles perfumados y los diarios se escribían en papel Michinoku, uno de los considerados de mayor calidad. Si algo destaca en los fragmentos y textos que nos han llegado de esta época, es la belleza y esmero con el que cuidaban cada una de las palabras. Y al final, deberíamos leer estos diarios no solo como testimonio de una época lejana, sino también valorando su gran riqueza literaria.

Introducción de Amy Lowell en “Diaries of court ladies of old Japan

Introducción de Richard John Bowring en “Diaries of lady Murasaki