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Tras nuestro pequeño parón con las reseñas semanales del nuevo anime de Dragon Ball Super, volvemos a la carga con el séptimo episodio. Nos habíamos quedado en el inicio de la pelea contra Bills. Buu se había comido todo el puding de éste, por lo cual había empezado una pelea con la sencilla derrota de Buu. Vegeta sigue paralizado de miedo mientras Bulma le insta a pelear continuamente. El resto de compañeros pululan por el barco mostrando sus caras de asombro continuamente, algo que ha generado muchas bromas en las anteriores sagas de Dragon Ball.





El séptimo episodio está compuesto básicamente de peleas. Trunks y Gotens se fusionan pero apenas logran rozar a Bills. El resto de amigos se lanzan al ataque pero parece que Bills está muy por encima de estos. Tras unos interminables minutos de una pelea algo vergonzante para nuestros protagonistas (Piccolo, C18 y TenShinHan son vencidos con la energía que libera Bills al abrir uno de sus ojos, es decir, con apenas esfuerzo), volvemos al tema de la comida. Dragon Ball Super ensalza la cocina japonesa por encima del resto. No solo estamos hablando de sushi, todos sabemos que a Akira Toriyama le gusta dar protagonismo a esta cocina. Es imposible no salivar viendo estos capítulos donde Bills y Wills prueban deliciosos manjares de la cocina tradicional japonesa.



Respecto a los personajes, sorprende la ingenuidad con la que son tratados. Al terminar la saga de Buu, muchos de ellos habrían cobrado cierta madurez, pero en Dragon Ball Super parece que vuelven a cierta franja de edad mucho más reducida. Es decir, la serie ya no está dirigida a los que crecimos con ella, sino a los actuales consumidores de anime, más jóvenes y con más tiempo. No tendría mucho sentido adaptar la serie a los fans que la vimos cuando éramos chavales, pues debería ser una serie mucho más adulta y madura y cierta franja de público se perdería. Ojalá hubiera sido así.





El capítulo termina con una escena motivadora. Esperaremos a ver qué nos depara el siguiente. ¿Y vosotros, estáis siguiendo la serie? ¿Qué os está pareciendo?


Por Álvaro López Martín @A1varoLopez

El ya famoso quinto episodio de 'Dragon Ball Super', emitido hace pocas semanas, ha puesto de relieve un problema que no es nuevo: la industria de la animación japonesa está herida de muerte: la precariedad laboral y un sistema anclado en el pasado que se quiere exprimir sin escrúpulos, son los dos principales síntomas de un mercado que se está devorando a sí mismo.






Thomas Romain, uno de los pocos creativos extranjeros que trabaja en el corazón de la siempre cerrada industria del anime, fue el que prendió la llama con un tweet ampliamente difundido en el que hablaba de una situación insostenible: "Los presupuesto en Japón para la animación son extremadamente bajos (...) En la producción de una serie de televisión, un animador, por lo general, solo cobra 40 dólares por corte de animación. Los animadores reciben solamente 2 dólares por cada dibujo".

La precariedad laboral es uno de los principales problemas de esta industria. Detrás de la peculiaridad de ser un trabajo donde predomina la pasión artística de los que lo realizan, se encuentra un sistema enquistado, que convierte a auténticos artistas en máquinas de hacer dibujos contrarreloj, de forma repetitiva y durante eternas jornadas de trabajo. Los que se introducen en el anime fascinados por su brillo exterior (la gran mayoría), muchas veces se encuentran con un trabajo más cercano al de la producción en masa de una fábrica de tuercas que un lugar donde desarrollar su talento creativo. Tienen que hacer dibujos, y muchos, para ganar un sueldo miserable. El exterminio del arte.

"El problema es que la industria del anime japonés está produciendo demasiado contenido (...). No hay suficientes animadores cualificados y experimentados (...) Los estudios no tienen otra opción que trabajar con animadores poco cualificados, a veces amateurs", añadía Romain.


La desconsideración de la industria hacia el arte se hace cada vez más patente, no solo con estas palabras: cualquiera puede verlo en cualquier anime televisivo de emisión actual. En el episodio cinco de 'Dragon Ball Super' se hizo más patente porque había precedentes humillantes de hace 20 años, donde la animación de la saga 'Dragon Ball' no tenía nada que ver con la actual, era mucho más elaborada en todos los sentidos. Hay casos igualmente sangrantes: las series que llevan muchos años emitiéndose. Podría poner por caso una de las más populares y representativas de la animación nipona actual: 'One Piece'. Su evolución es digna de análisis. Iniciada en 1999, lleva ya a sus espaldas más de 700 episodios. Resulta más que llamativo ver cómo era animada la serie en sus inicios, y cómo ha ido evolucionando progresivamente a un estilo menos detallado y más simplista hasta la actualidad, donde este mal que está asolando el anime televisivo ha terminado equiparándola al resto de series de nueva hornada. Sin embargo, los que siguen la serie desde hace años han podido notar esta degradante involución. Por cierto, casualidad o no, detrás está Toei Animation, la misma productora que 'Dragon Ball' y que, por este y otros trabajos, está en el centro de la polémica. Es un poco la cuadratura del círculo, teniendo en cuenta que Toei es uno de los grandes nombres de la industria, todo un clásico que impulsó la animación en Japón y ha realizado a lo largo de su ya larga historia decenas de éxitos alabados por crítica y público. Su declive es el del mito que se derrumba. Un histórico gigante con pies de barro.

"Los estudios de animación japoneses son empresas pequeñas (...) Por lo general no tienen grandes beneficios y no están en condiciones de invertir su propio dinero", decía Thomas Romain. "El coste de tener a todo el mundo que trabaja en la casa sería insoportable. Solo un estudio fue capaz de hacer eso: Studio Ghibli".

Yo llevo más de cinco años participando activamente en la difusión en español de Studio Ghibli a través del blog (y amplia comunidad de seguidores) Generación GHIBLI. El de Studio Ghibli es un caso perfecto y paradójico para explicar gran parte del cáncer que sufre el mundo de la animación japonesa, tan opaca, tan inteligible y tan encantada de conocerse a sí misma, quizás demasiado.





Studio Ghibli es, con total seguridad, el estudio de animación japonés más conocido en todo el mundo. Sin embargo, en Japón no hay otro estudio similar. ¿Por qué, si lo logrado por Ghibli ha resultado tan terriblemente eficaz, consiguiendo que sus películas sean las más vistas históricamente en su país, y hayan trascendido de forma importante al panorama internacional? Pues (y aquí viene la primera paradoja) porque existe un nombre propio: Hayao Miyazaki. Es curioso que en un trabajo tan estrictamente colectivo, el mayor triunfo lo haya logrado el personalismo de un genio. Porque sí, nadie discutirá que Hayao Miyazaki es un genio. Pero en las interioridades del mundo del anime, probablemente, la mayoría de animadores de clase media que preguntes te dirán que sería genial trabajar con Miyazaki por su prestigio y por la calidad de sus películas; pero no por su sistema de trabajo, arcaico y dictatorial. No se le puede culpar: le ha funcionado a las mil maravillas, y él es un hombre de ideas fijas que las ha visto refrendadas encadenando un éxito tras otro.

No quiero decir con esto que Miyazaki sea un ogro, al contrario, él fue el que quiso implantar un sistema imposible. El funcionamiento no dejó de ser ficticio: Studio Ghibli se financiaba en grandes cantidades solo gracias al fuerte arrastre en taquilla de los films de su fundador. Y, es verdad, las películas de otros directores en Ghibli también funcionaron relativamente bien (sobre todo las primeras de Isao Takahata) y, en general, era un estudio que obtenía un gran rendimiento de sus producciones. Sin embargo, su apuesta por una plantilla fija de trabajadores y una irrenunciable política de máxima calidad en sus obras (con los esfuerzos de tiempo y dinero que eso supone), además sin diversificar su actividad hacia la televisión, no podía financiarse sin Hayao Miyazaki. Cuando este se retiró en 2013, el estudio tuvo que parar para replantear una situación que aún está en proceso. La única salida de Studio Ghibli es unirse al funcionamiento del resto de estudios: producir más, por menos dinero. Eso, o disolverse.

La enseñanza de la realidad de Studio Ghibli respecto al resto de estudios que producen animación en Japón es muy clara, y bastante pesimista: es imposible que la industria funcione bien, porque está atascada en un círculo vicioso que deriva en cada vez más productos, y cada vez de menor calidad. Hasta que la burbuja explote.


 
Según la AJA (la Asociación de Animación Japonesa), en 2013 las ventas de anime generaron 12 billones de dólares en 2013, el mejor resultado de su historia. Toda una contradicción.

"Es común escuchar a personas hablar de 'milagro' cuando un episodio se emite a tiempo. A veces, la animación no se ha iniciado ni dos semanas antes de emitirse, y los episodios pueden ser completados solo unas pocas horas antes de ser mostrados en televisión. La calidad puede ser pobre, pero lo que importa es tener algo que poner en pantalla", sentenciaba Romain.

Una triste realidad.


Escrito por Álvaro López Martín @A1varoLopez, autor del blog Generación GHIBLI y del libro 'Mi vecino Miyazaki', de Diábolo Ediciones.





Vamos a ponernos serios. Siendo justos, Dragon Ball Super todavía no ha arrancado y las críticas que ha recibido con apenas seis episodios han sido realmente duras. En esta misma serie de reseñas yo mismo he criticado enormemente el comienzo de la serie. Pero no es solo el argumento lo que muchos criticamos, que parece no tener sentido por ningún lado, sino la animación. La calidad de la animación de Dragon Ball Super pasa de ser aceptable a ser un auténtico horror. Tanto, que ha dado a luz a numerosos memes y a varios virales por la red. Pero hablemos del sexto episodio. 




Poco hay que decir, la trama no avanza y el episodio sigue en la tónica general de los anteriores, mucha comida interesante, situaciones estúpidas y diálogos sin sentido. Es cierto que se revela información interesante y relevante para la saga, sobre el planeta de Vegeta y cierta visita que hizo Bills al lugar, y aunque no hay más información y apenas se entiende lo que enseñan, ha sido lo más interesante de todo el capítulo. Krillin casi muere al comer un takoyaki de wasabi, Yamtcha ha fardado de ser el mejor guerrero del lugar y Vegeta ha adoptado una actitud opuesta a lo que estamos acostumbrados, ha dejado su arrogancia a un lado para mostrarse más servicial que nunca.





El dibujo y la animación de este episodio no es ni de lejos tan malo como en los dos anteriores, aunque hay alguna escena que da escalofríos, como ese temor que parece estar latente pero no se manifiesta. Es cierto que los personajes ya están desarrollados por otras sagas o temporadas, pero no se está haciendo ninguna referencia al pasado de cada uno, o qué metas tienen los personajes. O por qué ocurre lo que ocurre. Qué deseos tiene Bills, qué motivaciones, por qué Goku parece solo atrezzo. En definitiva, otro episodio a ignorar excepto por esa escena del pasado de Vegeta que parece recordar debido al ataque de Bills. Esperemos que Toei mejore la animación, pero sobre todo el guion necesita un buen empujón.




En esta reseña hay SPOILERS.

Tras el chocante episodio anterior, uno va con las expectativas realmente bajas para el siguiente episodio. No deja de ser algo triste, pues es una serie que ha sentado bases en la infancia de muchos de nosotros y que tras tantos años de esperar algo como esto (una nueva temporada bajo la tutela de Akira Toriyama) nos encontremos con algo tan poco cuidado dice mucho de los objetivos de las compañías de anime japonesas actuales. Pero eso no evita que un domingo más nos sentemos ante el ordenador y le demos al play. Esta vez vamos con el episodio quinto de Dragon Ball Super.



El episodio empieza donde terminó el anterior, con Bills llegando al planeta de Kaio, donde Goku está escondido para evitar una pelea innecesaria y probablemente de consecuencias destructivas importantes. Tras unos minutos Goku es descubierto y se inicia una curiosa conversación, donde Goku hace uso de un japonés demasiado coloquial para alguien tan importante como Bills, algo que pone de los nervios a Kaio que trata de corregir a Goku para que use un lenguaje más formal. Tras esta conversación Goku le pide un combate amistoso a Bills para probar sus poderes y en un parpadeo, Goku pasa de llevar el chándal blanquiazul a llevar el traje por el que todos le conocemos (punto a favor de Dragon Ball Super). No sé si esto es una percepción personal, pero lo cierto es que Goku parece ser mucho más estúpido e idiota delo que era normalmente. Además de que la solemnidad que transmitía en otras temporadas, aquí simplemente es inexistente.


Antes de empezar el capítulo había visto ciertas capturas de pantalla que demostraban que el dibujo no solo estaba desmejorado, sino que parecía hecho por fans con poca habilidad. Yo creía que obviamente eso era falso, pero el temor no se iba de mí. Cuan iluso soy al ver cuándo empieza la pelea entre Bills y Goku. Os dejo unas imágenes mejor que explicarlo.










Quizá esto os parezca exagerado, pero me parece vergonzoso que a esto se le llame anime. Me parece un insulto y una falta de respeto enorme para todos los fans. ¿Pero quién se puede tragar esto y no indignarse?  No quiero saber el dinero invertido en este anime, porque mi enfado sería todavía mayor, pero lo cierto es que parece hecho por aficionados o algún becario poco talentoso.  No puedo seguir con esta reseña. El capítulo se resume en la pelea entre Bills y Goku, poco más sucede.

Solo espero que alguien se curre un cosplay de Goku-retard o que salgan memes de esto, porque si no, el trauma va a ser enorme.

Ah, y no nos olvidemos del adelanto del siguiente capítulo, con Vegeta y sus dos manos izquierdas.





En esta reseña hay SPOILERS.

Si habéis seguido las redes sociales sobre el episodio, habréis notado que ha habido cierto movimiento indignado dirigido a este cuarto episodio de Dragon Ball Super. El enfado hacia la serie podría considerarse prematuro, pero no injustificado, pues tras cuatro capítulos tenemos poco, muy poco. Y para colmo, los contornos. Pero no adelantemos hechos, vamos por partes.

Detalle de la nefasta animación.

El episodio empieza de nuevo con el poco-carismático Wills y su sirviente, viajando de camino al planeta Kaito. Lo primero que sorprende son los colores chillones, dañinos para nuestra retina, además de una conversación que roza lo estúpido. Hablan de comida, hablan de algo que no solo no aporta a la trama, sino que consigue que en el minuto 3 ya estemos bostezando. Kaito está nervioso, pues sabe que vienen a buscar a Goku por su poderoso ki, y sabe que si aparecen Goku querrá pelear contra ellos para defender a sus amigos. Mientras, Goku, que parece tener un CI de 0, tan solo levanta pesas vestido con un chándal. Gracias, Bandai, por destrozar uno de los héroes de nuestra infancia y vestirlo como a un burdo poligonero.

Goku bizco.
La escena cambia al barco de lujo donde están celebrando el cumpleaños de Bulma. Esta parte se puede resumir así: tener cosas, mola. Y es que las diferentes tramas que hay en este barco giran alrededor de cosas: el premio de un bingo. Recordemos que el primer episodio iba sobre dinero. Personalmente es algo que me choca de esta serie, pues lo material nunca había tenido una importancia más allá de la anécdota o de la excusa para el chiste. Pero si algo destaca en estas escenas del barco, es el dibujo y la animación. ¿Qué está ocurriendo? Los personajes están dibujados con una enorme línea gruesa y negra, y la animación es pobre, en vez de caminar parece que hagan el moon-walk y cuando hablan o se mueven da incluso vergüenza ajena. Es desolador.

Sobran los comentarios.

Aha. ¿Qué becario ha dibujado esto?
¿Teníamos suficientes sustos? No, para nada. Aparece Pilaf pescando, mientras MAI y Shu cavan buscando un tesoro en una pequeña isla. Da la gran casualidad, que el gran premio del bingo son las Bolas de Dragón (TODAS), que Bulma ha reunido por su cumpleaños, y Pilaf, con su detector, ve el barco acercarse a la isla. ¿Os acordáis de lo DIFÍCIL que era reunir las Bolas de Dragón? Pues nada oye, aquí lo que vamos a hacer es reducirlas a un simple premio de bingo. Tras unos minutos donde veremos corretear a Pilaf y compañía, estos llegan al barco junto a Goten y Trunks. Vegeta por su parte sigue entrenando en la cámara especial

Pasamos de esto.

A esto...

Anda mira, unas Bolas de Dragón.
 Poco más queda por decir del capítulo. No aporta apenas nada a la trama y probablemente sea el peor de los cuatro emitidos hasta ahora, tanto en calidad de animación como en trama. Quizá sea pronto para juzgar, pero ese cambio repentino en el dibujo (en el propio episodio) genera una gran desconfianza. Esperemos que la cosa mejore más adelante, pero no esto no es un buen augurio.




Ya se ha estrenado la nueva temporada de Dragon Ball, títulada Dragon Ball Super. Algunas páginas se han dado mucha prisa en subtitular el capítulo de estreno y gracias a ellos hemos podido disfrutar de él.  Pero vamos al grano, este post es una reseña del primer capítulo de la serie. Probablemente seguiremos haciendo este tipo de posts a lo largo de la serie y solo se verán interrumpidos si los capítulos son insulsos, descaradamente de relleno o si nosotros dejamos la serie a medias por falta de interés. Son más de 100 capítulos, por lo que habrá veces que haremos la reseña de varios capítulos en un solo post.



01 - 02 - 03 - 04 - 05 - 06 - 07 - 08 - 09 - 10 - 11 - 12 - 13 - 14 - 15 -
16 - 17 - 18 - 19 - 20 - 21 - 22 - 23 - 24 - 25 - 26 - 27 - 28 - 29 - 30 -
En esta reseña hay leves spoilers.

En la reseña del anterior episodio nos quejábamos de lo poco que se ahondaba en la trama, como principal problema. Sumado a un tratamiento algo estúpido de los personajes, colocándolos en escenas absurdas que simplemente los ridiculizan. En este nuevo episodio tenemos más de lo mismo, pero esta vez con Vegeta y (personajes que no aparecían en el anterior episodio) y Kaito. Se trata de dos episodios introductorios que nos presenta el tono general de la serie. Dragon Ball Super en estos dos primeros episodios ha intentado recuperar el humor de la serie original de Dragon Ball, poniendo a sus personajes ante situaciones absurdas, pero hay algo importante que parece que se ha olvidado Akira Toriyama, y es que  Dragon Ball brillaba por ese humor intransigente, con bromas que podían hacerte llorar de la risa. En Dragon Ball Super tenemos simplemente situaciones absurdas sin ningún tipo de humor, pero no juzguemos demasiado rápido, si a algo nos tiene acostumbrados Dragon Ball es al relleno y a las tramas que avanzan a paso de tortuga.


 Vegeta protagoniza este segundo episodio en una situación cotidiana y algo anodina. Teniendo en cuenta que este episodio ocurre al mismo tiempo que el primero y que ambos tienen una meta: el cumpleaños de Bulma. Vegeta, Bulma y su hijo Trunks van a una isla comercial repleta de tiendas, restaurantes y centros comerciales. Vegeta, gracias a su mal humor, termina hastiado de la situación y  se marcha del lugar para entrenar. Su orgullo y naturaleza saiyajin le obligan a mejorar para superar, como de costumbre, a Goku, su principal rival y amigo. Ser saiyajin obliga a ambos a entrenar sin descanso, como Goku comenta durante el capítulo, aunque hayan vencido a Buu, puede haber más amenazas ahí fuera y necesitan estar listos para enfrentarse a ellas. Bills, por su parte, sigue junto a Wills destruyendo planetas por puro placer. La amenaza empieza a crecer. Este segundo episodio no tiene más, es simple, sencillo, introductorio y, por qué negarlo, aburrido.






En el tercer episodio, vemos por otro lado que Goku sigue su entrenamiento en el planeta de Kaito donde dejará su ropa de granjero para… ¡Vestirse con un chándal! Algo chocante para los que seguimos esta serie desde los inicios. Pero este capítulo está mucho más enfocado al que parece ser el villano de esta temporada, Bills, el Dios de la destrucción. Tras agotarse de destruir planetas junto a Wiss deciden volver a su planeta de origen/guardia/algo extraño donde habitan estos dos personajes. Vemos cómo Bills tiene un dilema y es que Wiss le ha advertido sobre el Super Saiyajin God (el dios de los super saiyajin) el cual acaban de descubrir que reside en la Tierra. ¿Se tratará de Goku, Vegeta, Gohan? Todo un misterio muy interesante que se irá desvelando gradualmente en los siguientes episodios. También conoceremos más sobre los propósitos de este personaje que ya protagonizó la película de animación Dragon Ball Z – La batalla de los dioses.



En definitiva, nos encontramos con un segundo episodio bastante aburrido que contraste con el tercero donde se empiezan a desvelar elementos clave de la trama que está por venir. Personalmente lamento el tono infantil y absurdo que les han otorgado a muchos personajes. Es cierto que Dragon Ball siempre ha sido una serie par jóvenes y niños, pero el público fiel hace 15 años ya que seguimos esta serie y un pelín de evolución acorde a este incremento de edad estoy seguro de que se agradecería y sería mucho más cómodo de ver.